Viajar por autovía o autopista en España tiene una constante: repostar sale más caro. Basta con desviarse unos pocos kilómetros hacia un polígono industrial o una carretera secundaria para comprobar cómo el precio por litro del carburante puede bajar de forma notable. Y entonces surge la gran pregunta: ¿por qué no hay prácticamente ninguna gasolinera low cost en las vías de alta capacidad?
La respuesta no tiene que ver con la calidad del combustible ni con supuestas limitaciones técnicas. El motivo es mucho más simple y está ligado al dinero, a la política de concesiones y a un modelo de negocio que favorece claramente a las grandes petroleras. Un sistema que, en la práctica, cierra la puerta a la competencia y deja al conductor con pocas alternativas cuando más las necesita.
2Una barrera imposible para el modelo low cost
El modelo de negocio de una gasolinera low cost se basa en márgenes muy ajustados. Su beneficio por litro es reducido, pero se compensa con volumen de ventas y, sobre todo, con una estructura de costes muy baja. Esto incluye ubicaciones económicas, terrenos baratos y una operativa simplificada, generalmente con autoservicio y poco personal.
Trasladar ese modelo a una autopista es incompatible. Con cánones millonarios y costes fijos disparados, una gasolinera de bajo coste tendría que subir precios para sobrevivir. Y, en ese momento, dejaría de ser low cost. Por eso, muchas de estas empresas asumen que no pueden competir en ese escenario y optan por instalarse en polígonos industriales o zonas periurbanas, donde el suelo es más barato y la presión financiera, mucho menor.







