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El líquido de frenos que todos olvidan: por qué puede fallar tu ABS si no lo cambias

Un mantenimiento sencillo que muchos conductores pasan por alto. El líquido de frenos se degrada con el tiempo aunque el coche no circule. Y su mal estado puede afectar directamente al funcionamiento del ABS.

Hay elementos del coche que pasan completamente desapercibidos hasta que dejan de funcionar. Ocurre con el aceite de la caja de cambios, con los amortiguadores… y, sobre todo, con el líquido de frenos. Este fluido hidráulico es el encargado de transmitir la fuerza que ejercemos sobre el pedal para detener el vehículo, y sin él el sistema simplemente no respondería. Sin embargo, sigue siendo uno de los grandes olvidados del mantenimiento periódico.

El problema es que no cambiarlo a tiempo no solo afecta a la capacidad de frenada, sino que puede provocar averías costosas en componentes tan sensibles como el ABS. Y aquí es donde entran en juego la seguridad y el dinero: unos frenos en mal estado aumentan la distancia de detención y un módulo ABS dañado puede costar cientos o incluso miles de euros. Cuidar este fluido no es una recomendación menor, sino una cuestión clave.

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Los síntomas de un líquido en mal estado

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fuente: propia

El conductor puede detectar algunas señales antes de que aparezca una avería grave. La más habitual es un tacto del pedal más blando de lo normal o que necesita mayor recorrido para frenar. También puede percibirse una menor capacidad de detención cuando los frenos se calientan, por ejemplo en un puerto de montaña.

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Otro indicio es el cambio de color del líquido. En buen estado suele ser transparente o ligeramente amarillento, mientras que cuando está degradado adquiere un tono oscuro. En una revisión visual rápida del depósito se puede comprobar su estado, aunque lo ideal es medir su punto de ebullición en un taller.