Hay elementos del coche que pasan completamente desapercibidos hasta que dejan de funcionar. Ocurre con el aceite de la caja de cambios, con los amortiguadores… y, sobre todo, con el líquido de frenos. Este fluido hidráulico es el encargado de transmitir la fuerza que ejercemos sobre el pedal para detener el vehículo, y sin él el sistema simplemente no respondería. Sin embargo, sigue siendo uno de los grandes olvidados del mantenimiento periódico.
El problema es que no cambiarlo a tiempo no solo afecta a la capacidad de frenada, sino que puede provocar averías costosas en componentes tan sensibles como el ABS. Y aquí es donde entran en juego la seguridad y el dinero: unos frenos en mal estado aumentan la distancia de detención y un módulo ABS dañado puede costar cientos o incluso miles de euros. Cuidar este fluido no es una recomendación menor, sino una cuestión clave.
2Cada cuánto tiempo hay que cambiarlo
Uno de los errores más habituales es pensar que este mantenimiento depende exclusivamente de los kilómetros recorridos. En realidad, el tiempo es incluso más importante. La mayoría de fabricantes recomiendan sustituir el líquido de frenos cada dos años, independientemente del uso del coche.
Esto se debe a que el fluido se degrada aunque el vehículo esté parado. La humedad entra en el circuito a través de los manguitos y las juntas, por lo que el envejecimiento es inevitable. No respetar este intervalo implica circular con un sistema de frenado que no trabaja en las condiciones para las que fue diseñado.


