Algunos coches pasan a la historia por su diseño, otros por sus prestaciones y otros por las hazañas —o desventuras— de sus propietarios. En la del motor, el Ferrari Testarossa ocupa un lugar privilegiado por méritos propios: icono absoluto de los años 80, símbolo de exceso, potencia y éxito, es uno de los más reconocibles jamás fabricados. Sin embargo, existe un Testarossa concreto que ha alcanzado la inmortalidad por un motivo muy distinto a sus 12 cilindros o sus inconfundibles branquias laterales.
Este Ferrari no se hizo famoso por ganar carreras ni por aparecer en una película: lo fue por protagonizar la multa de tráfico mas cara de la historia. La descomunal sanción triplicó el valor del propio coche y le abrió un hueco permanente en el Libro Guinness de los Récords. Un caso real, ocurrido en Suiza, que demuestra que incluso al volante de un Ferrari la ley puede ser implacable.
5Una multa directa al libro Guinness
El impacto mediático de la sanción fue inmediato. La cifra dio la vuelta al mundo, y se acabó registrando oficialmente como la multa por exceso de velocidad más cara de la historia. El Libro Guinness de los Récords no tardó en incluir el caso, donde sigue figurando más de 15 años después como un récord imbatido.
Desde entonces, este Ferrari Testarossa no es solo un deportivo legendario, sino también un símbolo de cómo la ley puede ser igual de contundente para todos. Una curiosa paradoja: un coche creado para representar el lujo y la libertad terminó siendo recordado por una sanción ejemplar.








