Algunos coches pasan a la historia por su diseño, otros por sus prestaciones y otros por las hazañas —o desventuras— de sus propietarios. En la del motor, el Ferrari Testarossa ocupa un lugar privilegiado por méritos propios: icono absoluto de los años 80, símbolo de exceso, potencia y éxito, es uno de los más reconocibles jamás fabricados. Sin embargo, existe un Testarossa concreto que ha alcanzado la inmortalidad por un motivo muy distinto a sus 12 cilindros o sus inconfundibles branquias laterales.
Este Ferrari no se hizo famoso por ganar carreras ni por aparecer en una película: lo fue por protagonizar la multa de tráfico mas cara de la historia. La descomunal sanción triplicó el valor del propio coche y le abrió un hueco permanente en el Libro Guinness de los Récords. Un caso real, ocurrido en Suiza, que demuestra que incluso al volante de un Ferrari la ley puede ser implacable.
2El sistema suizo: pagar según lo que tienes
La filosofía suiza parte de una idea tan sencilla como contundente: los ricos no pueden comprar el derecho a incumplir la ley. Por eso, las multas se calculan en función de la renta y el patrimonio del conductor. De esta forma, una infracción grave tiene un impacto real tanto en el bolsillo de un trabajador medio como en el de un multimillonario.
Este sistema ha dado lugar a sanciones espectaculares en los últimos años, como la de un millonario francés residente en Suiza que tuvo que pagar más de 95.000 € por superar el límite de velocidad en apenas 30 km/h. Sin embargo, ninguna ha alcanzado las cifras del Ferrari Testarossa de St. Gallen.







