La ITV vuelve a situarse en el centro de la actualidad del motor. La inspección técnica, que para muchos conductores sigue siendo un simple trámite periódico, ha experimentado un endurecimiento claro en sus criterios de evaluación. El objetivo no es otro que reforzar la seguridad vial y reducir el número de vehículos que circulan con elementos defectuosos que, aunque parezcan menores, pueden tener consecuencias graves en la carretera.
Este cambio normativo afecta especialmente a aquellos fallos que durante años se consideraron leves. Pequeños detalles que antes solo implicaban una advertencia al conductor y una recomendación de reparación ahora pueden suponer un suspenso directo en la ITV. Conocerlos es clave para evitar sorpresas desagradables y visitas repetidas a la estación de inspección.
1El testigo de fallo de motor ya no perdona
Durante mucho tiempo, el famoso testigo de avería del motor —ese icono naranja con forma de bloque— ha sido uno de los grandes olvidados por los conductores. Si se quedaba encendido tras arrancar, pero el coche funcionaba aparentemente bien, la ITV lo calificaba como defecto leve en muchos casos. En 2026 eso se ha acabado: si el testigo de fallo de motor no se apaga tras el arranque, el vehículo suspende la ITV.
La razón es clara. Ese testigo puede estar avisando de problemas en el sistema de emisiones, en la gestión electrónica del motor o incluso en elementos clave para la seguridad mecánica. La normativa actual de la ITV considera que circular con este aviso activo supone un riesgo potencial y un aumento de las emisiones contaminantes. Por eso, antes de acudir a la inspección, conviene pasar por el taller a realizar una diagnosis electrónica, aunque el coche «vaya bien».







