Estados Unidos acaba de dar un paso de gigante en el mundo de la movilidad al inaugurar la primera carretera diseñada para que solo circulen vehículos autónomos. Todo un hito que marca un antes y un después, y que nos hace preguntarnos cuánto tiempo tardaremos en ver algo parecido en el continente europeo.
La noticia llega desde Atlanta, una ciudad que se ha propuesto liderar la revolución del transporte. Allí, lo que antes era un proyecto sobre el papel ahora es una realidad que conecta puntos clave de la ciudad de una forma que nunca habías imaginado. Ya no se trata de coches de prueba con ingenieros sentados en el asiento del conductor por si algo falla, sino de una red de transporte sin intervención humana directa en el volante.
3¿Qué posibilidades hay de que este modelo llegue a Europa?
Esta es la pregunta que todos nos hacemos cuando vemos estos avances en Estados Unidos. Aunque de momento no hay una carretera idéntica en Europa, el interés es máximo. Países como Alemania, Francia y España están siguiendo muy de cerca estos desarrollos. En Europa, la regulación es mucho más estricta en cuanto a la seguridad de los vehículos autónomos, lo que hace que los procesos sean un poco más lentos pero también más seguros. Sin embargo, ya hay pruebas en ciudades europeas con autobuses autónomos que circulan por carriles específicos, aunque todavía no con el nivel de integración que estamos viendo en Atlanta.
El concepto de las vías fijas es muy atractivo para las ciudades europeas, que suelen tener centros históricos con calles estrechas y problemas de contaminación. Un sistema como el de Glydways podría encajar para conectar aeropuertos con centros de ciudades o grandes áreas de oficinas. Además, la empresa responsable de este proyecto ya ha firmado acuerdos con Dubái y Abu Dhabi, y ciudades como Tokio también han mostrado un interés real. Esto indica que la tecnología es exportable, y que no tardaremos en ver propuestas similares adaptadas a la normativa europea y a las necesidades de nuestra movilidad.
Es muy probable que el futuro de la conducción autónoma no pase por soltar coches sin conductor en mitad de la Castellana en Madrid o por el centro de Barcelona de la noche a la mañana. Lo más lógico, viendo el ejemplo de Atlanta, es que primero veamos la creación de estas carreteras exclusivas o carriles específicos. Esto permite que la tecnología aprenda y que los ciudadanos nos acostumbremos a ver estos vehículos como algo normal. La seguridad es el factor clave, y separar el tráfico autónomo del humano parece ser la solución más inteligente a corto plazo para evitar accidentes y malentendidos en la carretera.
Estados Unidos ha dado el primer paso real, y aunque Europa tiene sus propios ritmos, la dirección está clara. La movilidad está cambiando, y este proyecto de Atlanta es solo el principio de una transformación global que afectará a cómo nos movemos todos.


