Las últimas borrascas que han atravesado España no solo han dejado imágenes de lluvias intensas, nieve y ríos desbordados. También han sacado a la luz una realidad que muchos conductores conocen demasiado bien: el pésimo estado de buena parte de nuestras carreteras. El asfalto, ya castigado por años de mantenimiento insuficiente, ha dicho basta ante un clima cada vez más extremo y persistente.
Circular hoy por muchas vías españolas se ha convertido en un ejercicio de atención constante, casi de supervivencia mecánica. Baches profundos, grietas y tramos enteros señalizados por firme en mal estado forman parte del paisaje habitual. Un problema que va más allá de la incomodidad y que afecta de lleno a la seguridad vial, al bolsillo de los conductores y a la competitividad del país.
6El conductor, la parte más vulnerable por el mal estado
Mientras el debate político y técnico sigue abierto, el conductor es quien paga las consecuencias inmediatas. Averías, neumáticos destrozados y reclamaciones casi imposibles contra el titular de la vía forman parte del día a día. Demostrar que un daño se debe directamente al estado de la carretera exige atestados policiales y procesos largos que rara vez prosperan.
Como señalan desde el sector, el problema ya no es solo técnico. España ha demostrado ser capaz de construir grandes infraestructuras, pero no de mantenerlas en un estado acorde a su importancia. Las últimas borrascas han sido el detonante visible, pero el fondo del asunto exige una respuesta firme, sostenida y, sobre todo, urgente. El estado de nuestras carreteras no puede seguir siendo una asignatura pendiente.


