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El lamentable estado de las carreteras después de las últimas borrascas

Baches, socavones y firmes degradados se multiplican tras semanas de lluvias. El estado de la red viaria preocupa a conductores y expertos. Las borrascas solo han acelerado un deterioro que viene de lejos.

Las últimas borrascas que han atravesado España no solo han dejado imágenes de lluvias intensas, nieve y ríos desbordados. También han sacado a la luz una realidad que muchos conductores conocen demasiado bien: el pésimo estado de buena parte de nuestras carreteras. El asfalto, ya castigado por años de mantenimiento insuficiente, ha dicho basta ante un clima cada vez más extremo y persistente.

Circular hoy por muchas vías españolas se ha convertido en un ejercicio de atención constante, casi de supervivencia mecánica. Baches profundos, grietas y tramos enteros señalizados por firme en mal estado forman parte del paisaje habitual. Un problema que va más allá de la incomodidad y que afecta de lleno a la seguridad vial, al bolsillo de los conductores y a la competitividad del país.

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Señales, conos y soluciones temporales

carreteras en mal estado
Fuente: propia / IA

Para el conductor, el síntoma más visible de esta situación es la proliferación de señales amarillas que advierten de calzada en mal estado. También los conos que reducen carriles o desvían el tráfico se han convertido en parte del decorado habitual. Parches que buscan reducir riesgos inmediatos, pero que no solucionan el problema de fondo.

Desde el sector de conservación, estas medidas son una forma de cubrirse las espaldas. El problema está identificado, incluso proyectado sobre el papel, pero no se ejecuta por falta de presupuesto. Así, mientras el conductor asume el riesgo y el coste de circular por ella, el estado de la carretera sigue empeorando.