Hay gestos cotidianos al volante que hacemos de forma automática, sin pensar, convencidos de que no tienen ninguna consecuencia para el turbo. Arrancar, circular, aparcar y apagar el motor forman parte de una rutina tan interiorizada que rara vez nos detenemos a reflexionar si lo estamos haciendo bien. Sin embargo, algunos de esos hábitos, aparentemente inofensivos, están detrás de averías muy caras que llegan al taller antes de tiempo.
El turbo es un componente clave en la mayoría de los motores modernos, tanto diésel como gasolina. Mecánicos y especialistas coinciden en lo mismo: existe un hábito diario, muy extendido entre los conductores, que está acortando de forma dramática la vida del turbo y provocando reparaciones que pueden superar fácilmente los 1.500 euros.
4Otros errores cotidianos que también lo dañan
Apagar el coche de inmediato no es el único error frecuente. Otro hábito perjudicial es exigir al motor cuando aún está frío. Acelerar con fuerza nada más arrancar provoca que el turbo trabaje sin que el aceite haya alcanzado la temperatura y viscosidad adecuadas, aumentando el desgaste interno.
También influye el mantenimiento. Alargar en exceso los cambios de aceite o utilizar lubricantes de baja calidad afecta directamente al turbo. Este componente es especialmente sensible a la suciedad y a la degradación del aceite, por lo que seguir las recomendaciones del fabricante es fundamental. Además, ignorar pequeños síntomas como silbidos, pérdida de potencia o humo anormal por el escape suele acabar en una avería mayor. El turbo suele avisar antes de romperse del todo, pero muchos conductores no prestan atención hasta que el daño ya es grave.








