Hay gestos cotidianos al volante que hacemos de forma automática, sin pensar, convencidos de que no tienen ninguna consecuencia para el turbo. Arrancar, circular, aparcar y apagar el motor forman parte de una rutina tan interiorizada que rara vez nos detenemos a reflexionar si lo estamos haciendo bien. Sin embargo, algunos de esos hábitos, aparentemente inofensivos, están detrás de averías muy caras que llegan al taller antes de tiempo.
El turbo es un componente clave en la mayoría de los motores modernos, tanto diésel como gasolina. Mecánicos y especialistas coinciden en lo mismo: existe un hábito diario, muy extendido entre los conductores, que está acortando de forma dramática la vida del turbo y provocando reparaciones que pueden superar fácilmente los 1.500 euros.
2El hábito diario que está acortando la vida del turbo
El gesto es simple y casi automático: llegamos a nuestro destino tras circular por autovía o carretera, aparcamos y apagamos el motor al instante. Lo hacemos todos los días, convencidos de que no pasa nada. Sin embargo, este hábito es uno de los principales enemigos del turbo.
Cuando el motor se apaga de golpe, se corta el suministro de aceite. El turbo, todavía a altas revoluciones y temperatura, queda sin lubricación ni refrigeración. El aceite que permanece en su interior se “quema” literalmente por el calor, un proceso conocido como carbonización. Con el tiempo, esos residuos sólidos se acumulan y obstruyen los conductos de lubricación.







