Edmunds enfrenta los Escalade más salvajes: Poderío V8 contra unas pilas muy bien puestas

El Cadillac Escalade V esconde un poderoso motor 6.2 V8 Superchaged cuyas cifras quedan eclipsadas por las dos máquinas eléctricas de la versión IQ. Sobre todo en su modo Velocity Max.

Hay algo profundamente americano en meterle a un corpulento SUV el corazón de un sensacional superdeportivo y esperar que se comporte como tal en cualquier situación. Cadillac lo ha llevado al extremo con el impresionante Escalade V y también con su versión eléctrica, el Escalade IQ, dos colosos que combinan lujo desmedido con cifras de potencia que rozan lo ridículo. Ambas criaturas presumen de prestaciones cercanas a las de un hiperdeportivo, lo que se traduce en una pregunta inevitable: ¿cuál de estos gigantes es realmente más rápido? Los chicos de Edmunds decidieron resolverla poniéndolos frente a frente en una de sus famosas pruebas U-drag, que combina una arrancada brutal con frenadas de emergencia y una curva de 180 grados que sacan a relucir sin piedad las virtudes y los defectos de cada uno.

Como ya sabrás, el Cadillac Escalade V confía en el legendario corazón 6.2 V8 Supercharged, un bloque que entrega 690 CV de potencia y 885 Nm de par motor, canalizados a través de una transmisión automática de diez velocidades y un sistema de tracción total. Por su parte, el Cadillac Escalade IQ apuesta por la electricidad pura y dura combinando dos motores que en el modo de conducción Velocity Max proporcionan 560 kW de potencia (760 CV) y 1.065 Nm de par motor. Motores alimentados por cierto, por una enorme batería con 212 kWh de capacidad. Sobre el papel parecen rivales directos, pero la realidad física impone una diferencia brutal: el V pesa alrededor de 6.300 libras (2.857 kilos), mientras que el IQ se dispara hasta las 9.100 libras (4.127 kilos), convirtiéndose en uno de los vehículos de pasajeros más pesados del panorama actual.

Los 1.200 kilos de diferencia de peso entre los Cadillac Escalade marcan distancias

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Esa brecha de más de 1.200 kilos marca el destino de la competición. En línea recta, el par instantáneo de la versión eléctrica permite al Cadillac Escalade IQ disimular su masa durante los primeros metros, pero en un formato U-drag como el de Edmunds la física no perdona. En la primera manga, el V8 toma la iniciativa desde la salida, pero un retraso en la transmisión al cambiar de marcha le costó caro: la vacilación permitió al IQ eléctrico adelantarlo con autoridad y cruzar primero con margen suficiente.

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La segunda carrera fue un duelo mucho más ajustado. El IQ salió mejor esta vez, aprovechando su entrega inmediata, aunque el V recuperó terreno en la frenada gracias a su menor peso. Ambos llegaron casi empatados al tramo final, pero el eléctrico se quedó sin fuelle en la recta final, permitiendo que el V8 se impusiera por un estrecho margen. El veredicto final es claro: en escenarios tan exigentes como este, el Cadillac Escalade V demuestra que, a pesar de su exceso de peso y complejidad, la combinación de potencia tradicional y menor masa sigue siendo letal frente a la electricidad pura cuando el circuito exige precisión y control. Absurdo, glorioso y muy americano.

Foto: Edmunds

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