La DGT parece no tener suficiente con los radares y los drones, y ahora pone el foco en las gafas de sol que usamos cuando nos ponemos al volante.
Si piensas que elegir tus gafas de sol es solo una cuestión de estética o de proteger los ojos en verano mientras conduces, la DGT dice que estás equivocado. Ha decidido que también tiene voz y voto en lo que te pones, y si te equivocas de filtro, vas a pagar una factura muy cara por un gesto que creías inofensivo.
2Túneles y color de los cristales
Un punto donde la DGT se pone muy dura es con el uso de gafas en lugares oscuros o con el uso de lentes fotocromáticas, que se oscurecen o aclaran solas dependiendo de la luz que reciban. A priori parece un invento estupendo para conducir, pero para Tráfico son un peligro por el tiempo de reacción del cristal.
Si la DGT te pilla con este tipo de gafas, o si tienes un percance dentro de un túnel y llevas puestas unas gafas que no se han adaptado, prepárate para lo peor.
En realidad, se castiga la tecnología que busca la comodidad del conductor. Es verdad que la seguridad es lo primero, pero la agresividad con la que se anuncian estas sanciones deja claro que la intención es más punitiva que preventiva. No te dan alternativas ni lanzan campañas de concienciación amigables. Solo te lanzan la advertencia de los 200 euros para que te entre el miedo en el cuerpo cada vez que te pongas tus gafas favoritas antes de arrancar el coche.
Incluso el color de los cristales está bajo la lupa. No todas las gafas de sol valen para la carretera según los expertos que cita la DGT. Se recomienda el uso de filtros grises, verdes o marrones porque son los que menos alteran la percepción de los colores de las señales de tráfico y de los semáforos. Si eres de los que prefiere cristales de colores más llamativos o modernos, podrías estar en el punto de mira si un agente considera que tu percepción del entorno está distorsionada.
Los cristales marrones suelen aumentar el contraste, lo cual es bueno, y los verdes reducen los reflejos. Sin embargo, hay cristales de ciertos tonos que pueden hacer que no distingas bien el rojo de un semáforo o el ámbar de una señal de obras. Según expertos de la Complutense, cuando nos ponemos gafas de sol, la pupila se abre y la agudeza visual baja. Si a esto se le suma un cristal que falsea la realidad, tienes la combinación perfecta para que la DGT te considere un peligro público.
Es agotador tener que estar pendiente de tantos detalles técnicos solo para ir a trabajar o para salir de viaje. Al final, parece que para conducir en España hace falta un manual de instrucciones de mil páginas que cambia cada dos por tres. La sensación de que te están vigilando hasta el más mínimo detalle del vestuario es asfixiante y quita las ganas de coger el coche por el miedo constante a cometer una infracción por desconocimiento.


