Durante los últimos años, la DGT ha insistido en que las balizas V16 conectadas son el futuro de la señalización de emergencias en carretera. Un pequeño dispositivo luminoso destinado a sustituir a los clásicos triángulos y que, sobre el papel, mejora la seguridad al evitar que el conductor deba salir del vehículo. Sin embargo, lo que nació como una buena idea empieza a convertirse en un quebradero de cabeza normativo, tecnológico y económico.
El problema es que la estrategia de la DGT parece haberse diseñado teniendo en cuenta únicamente el marco nacional, sin contemplar la legislación europea. Pero cuando Bruselas entra en escena, el escenario cambia: lo que hoy es obligatorio en España, mañana podría no ser válido fuera de nuestras fronteras… o incluso dentro de ellas.
4La DGT y la carrera contra el tiempo
La DGT se encuentra ahora en una posición incómoda. Por un lado, ha liderado un cambio que, en términos de seguridad, tiene sentido. Por otro, corre el riesgo de haber ido demasiado rápido y en solitario. Si Europa decide que la señalización conectada debe funcionar bajo otros parámetros, España tendrá que adaptarse. Y rápido.
Ello podría derivar en un escenario de transición forzada, en el que las balizas V16 conectadas actuales sean válidas durante un tiempo limitado o solo dentro de nuestras fronteras. Una solución muy poco elegante, confusa para los conductores y difícil de explicar desde el punto de vista institucional.


