Esta noche tenemos una cita con el reloj, y es probable que el cuerpo lo note más de lo que piensas. No es solo cuestión de ajustar el reloj del salpicadero de tu coche o de mirar el móvil al despertar. La DGT está muy pendiente de este momento porque sabe que los conductores son más vulnerables durante los días siguientes.
Al mover las manecillas, hay otro “reloj” que se desajusta, y eso tiene un impacto directo en cómo manejas el volante, cómo reaccionas ante un imprevisto y cómo percibes la carretera.
2La luz solar y los nuevos ángulos de visión
Otro factor fundamental que cambia de repente es la iluminación en la carretera. Con el cambio de hora, es muy probable que tus trayectos habituales pasen de ser a plena luz del día a realizarse durante el amanecer o el atardecer.
Estos momentos del día son los más críticos para la visión de cualquier conductor. El sol suele estar muy bajo en el horizonte y provoca deslumbramientos constantes que pueden dejarte ciego por unos instantes. Si el sol te da de frente, no verás bien las señales ni las luces de freno de otros vehículos. Si te da por la espalda, los conductores que vienen de frente tendrán ese mismo problema y podrían invadir tu carril sin querer.
Además de los deslumbramientos, el cambio de luz afecta a cómo percibes las distancias y los colores. Cuando la luz es escasa o muy lateral, las sombras se alargan y pueden ocultar obstáculos, peatones o ciclistas. Tu ojo necesita un tiempo para adaptarse a estas nuevas condiciones de visibilidad. Es posible que ayer a las siete de la tarde vieras bien todo lo que pasaba a tu alrededor, pero hoy, a esa misma hora, la oscuridad haya empezado a ganar terreno.
Esa transición brusca es lo que genera confusión y aumenta las posibilidades de cometer un error de cálculo al aparcar o al circular por vías rápidas.


