Todos hemos vivido esa escena: llegas a la gasolinera, ves el marcador del depósito casi vacío y decides “llenar hasta arriba” para no tener que volver a repostar tan pronto. Suele parecer la acción más lógica del mundo. Sin embargo, según muchos mecánicos —entre ellos Miguel, con más de quince años de experiencia en talleres—, llenar el depósito hasta la boca no es tan inocente como parece. Puede parecer una simple costumbre de ahorro y comodidad, pero podría acarrear problemas en sistemas sensibles del vehículo.
Uno de los grandes protagonistas de esta historia es algo poco conocido por la mayoría de conductores: el sistema EVAP (sistema de control de emisiones evaporativas). Este conjunto de componentes controla cómo se gestionan los vapores de combustible en el depósito y en otras partes del circuito. Cuando llenamos el depósito “a tope”, se puede saturar ese sistema EVAP y desencadenar averías costosas, testigos de motor encendidos o problemas de emisiones que, a la larga, pasan factura. Entender por qué ocurre esto y cómo afecta a tu coche te ayudará a evitar un gasto innecesario.
2Por qué llenar el depósito hasta arriba puede ser perjudicial
Puede parecer contradictorio: ¿cómo algo tan simple como llenar el depósito al máximo puede dañar el coche? La respuesta está en el equilibrio del sistema EVAP. Cuando llenamos el depósito “hasta la boca”, el nivel del combustible puede llegar a zonas donde permanecen los sensores, las válvulas o las entradas del sistema de vapores. Esto puede provocar dos efectos negativos principales.
El primero es la entrada de gasolina líquida donde no debe entrar. El sistema EVAP está pensado para manejar vapores, no combustible en estado líquido. Si el depósito está demasiado lleno y la gasolina empieza a mojar componentes del EVAP (como el filtro de carbón activo), esos elementos pueden saturarse, dañarse o dejar de funcionar correctamente.
El segundo efecto es la sobrepresión. El depósito y su sistema asociado están preparados para una cantidad de combustible y de espacio libre (o “espacio muerto”) que permita que los vapores se expulsen de forma controlada. Al llenar más de la cuenta, el espacio para ese intercambio de gases se reduce, lo que puede derivar en presiones más altas de lo que el circuito está diseñado para soportar, generando fallos de sensor o activando el testigo de avería en el cuadro.








