La DGT tiene un plan para el futuro de nuestras calles y, para ser sinceros, es un plan que a muchos conductores les está costando digerir. La movilidad en España se encuentra en un punto de inflexión donde las intenciones políticas y la realidad de los ciudadanos parecen ir por caminos diferentes.
Pere Navarro ha dibujado un escenario donde el coche privado tiene las horas contadas en el corazón de las ciudades. El director de la DGT asegura que el futuro no pasa por cambiar tu coche de gasolina por uno eléctrico para entrar al centro, sino por usar el transporte público o el taxi si tienes mucha prisa.
Esta visión busca ciudades más limpias y menos congestionadas, pero choca frontalmente con el día a día de miles de conductores. Para muchos, el coche no es un capricho o un lujo, sino una necesidad en muchos casos.
1El coche sigue siendo el rey a pesar de las restricciones de la DGT
Aunque desde las instituciones se intenta fomentar dejar el coche en casa, los datos dicen que todavía nos cuesta mucho dar ese paso. Es cierto que el uso del coche dentro de las ciudades ha bajado de forma notable en el último año. Hemos pasado de que más de la mitad de la gente lo usara por el centro a que lo haga un porcentaje algo menor. Sin embargo, el coche sigue siendo el protagonista absoluto de nuestra movilidad. Más de la mitad de los conductores españoles aseguran que el coche es imprescindible para su día a día.
Esto ocurre sobre todo si no vives en el centro de Madrid o Barcelona. Si vives en una ciudad mediana o en las afueras, depender del autobús o del tren puede ser una odisea. Las frecuencias no siempre son buenas y las conexiones a veces te obligan a tardar el triple de tiempo que si fueras en tu propio vehículo. Por eso, aunque la DGT quiera empujarnos hacia el transporte público, la realidad es que el coche privado ofrece una flexibilidad que ninguna otra opción ha podido igualar todavía.
Incluso con las nuevas normativas de bajas emisiones y las amenazas de restricciones más severas, siete de cada diez españoles mantienen su coche en propiedad. Esto nos indica que, aunque somos conscientes de que el modelo debe cambiar, todavía no estamos listos para renunciar a la comodidad de tener nuestro propio medio de transporte en la puerta de casa. El deseo de autonomía sigue pesando más que las dificultades que nos ponen para circular.








