Estar de baja laboral no significa, automáticamente, quedarse en casa sin poder tocar el coche. Sin embargo, tampoco implica que podamos seguir conduciendo con total libertad como si nada hubiera pasado. Esta duda es más común de lo que parece y genera confusión tanto entre trabajadores como entre conductores habituales, especialmente cuando la incapacidad no está directamente relacionada con la conducción.
Una baja médica genera un sinfín de preguntas entre los conductores porque mezcla dos mundos muy sensibles: la seguridad vial y los derechos laborales. Entender qué dice la ley, qué papel juega el médico y hasta dónde llega el sentido común es clave para evitar multas, problemas con el seguro o incluso la pérdida de la prestación.
3El papel clave del médico
Aunque la ley define el marco general, quien tiene la última palabra es siempre el médico que ha tramitado la baja. Su criterio es fundamental para determinar si conducir es compatible con el estado de salud del paciente y con el tratamiento que está siguiendo. En muchos casos, una simple consulta médica puede evitar problemas mayores.
Si el facultativo considera que conducir no pone en riesgo ni la recuperación ni la seguridad vial, puede autorizarlo sin inconvenientes. Pero, por el contrario, puede estimar que el dolor, la medicación o los síntomas son incompatibles con ponerse al volante. En ese caso, ponerse a conducir igualmente puede acarrear consecuencias serias, incluso aunque el trayecto sea corto o puntual.







