Encontrar aparcamiento en una gran ciudad es cada vez más complicado. De hecho, un informe publicado a finales del año 2025 explica que el tiempo medio para aparcar en zonas urbanas más grandes es de entre 20 y 40 minutos al día.
Así que lo más lógico es pensar que igual te compensa pagar por una plaza de aparcamiento y que te va a salir rentable por el ahorro de gasolina y por el tiempo que te vas a ahorrar todos los días al llegar del trabajo. Ahora bien, ¿mejor comprar una plaza o alquilarla?
Elena es economista y reconoce que es una duda cada vez más habitual. La plaza de garaje se ha vendido durante años como una inversión sencilla, pero ahora hay que mirar los números con calma», explica. Al final, las grandes ciudades están muy congestionadas, hay menos espacio en superficie y las normas no son las mismas que hace unos años.
Durante mucho tiempo, las plazas de aparcamiento han tenido la buena fama de ser un valor seguro, porque no necesitan mantenimiento, la demanda es constante y sabes que le vas a sacar partido. El problema es que las ciudades ya no son lo que eran.
Cuándo comprar una plaza de aparcamiento (y cuándo no)

En el centro de grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, comprar una plaza de aparcamiento puede costarnos entre 50.000 y 80.000 euros, según datos inmobiliarios. Más aún teniendo en cuenta la realidad actual de la vivienda y la subida desmesurada de precios. En una ciudad algo más pequeña o en un lugar menos céntrico, los precios pueden ir desde los 8.000 euros hasta los 20.000 euros.
¿Y si la compras para invertir y después la alquilas? En las grandes ciudades, puedes pedir hasta 300 euros al mes por un alquiler, lo que se traduce en una rentabilidad anual de entre el 6 y el 7%, a lo que hay que restar alrededor de un 1% en gastos. Es atractivo, pero ya no es automático.
«La rentabilidad depende mucho del precio de compra. Si compras caro, vas a tardar años en amortizarlo«, explica Elena. Además, no todas las plazas son iguales, así que hay aspectos que pueden bajar el precio, como accesos complicados o plazas pequeñas.
Esta economista recomienda huir también de la idea de que las plazas «nunca bajan de precio». En centros urbanos que están muy tensionados se suele cumplir, pero fuera puede cambiar bastante. Hay capitales de provincia y municipios medianos en los que la oferta supera a la demanda y el activo pierde su atractivo. Por tanto, el mejor consejo antes de comprar es analizar bien la zona y los hábitos de consumo.
¿Y si alquilas una plaza? Más flexible y con menos riesgo

Frente a la compra, el alquiler últimamente está ganando muchos enteros. En este caso, no puedes hablar de inversión, pero encaja mucho mejor con la vida real de muchos conductores, porque desaparece el desembolso inicial.
Además, esta idea encaja mejor con personas que no tienen una vida demasiado estable, que han pasado por varias mudanzas, teletrabajan o no saben si en unos meses seguirán viviendo en el mismo lugar. «El alquiler te da flexibilidad. No inmovilizas capital y te puedes replantear la decisión si el contexto cambia», explica Elena.
Por ejemplo, en barrios muy poblados, con edificios antiguos sin garaje propio y poco aparcamiento en superficie, sí que hay una demanda constante sin necesidad de alcanzar los precios del centro histórico de las grandes ciudades. Y lógicamente también influyen las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), porque los problemas para aparcar en la calle llevan a muchos conductores a alquilar plazas privadas.







