El coche eléctrico lleva años siendo protagonista de titulares y promesas sobre sostenibilidad, ahorro y futuro. Sin embargo, al bajar al terreno real de los concesionarios, el discurso cambia. Las cifras no terminan de despegar y, en España, el interés por este tipo de vehículos empieza a mostrar claros síntomas de desgaste. La electrificación avanza, sí, pero a un ritmo mucho más lento de lo esperado.
Para entender qué está pasando de verdad, basta con escuchar a quienes están en primera línea de venta. Raquel es jefa de venta en un gran concesionario multimarca, y lo resume sin rodeos: «La gente no se compra un eléctrico por el miedo. Miedo a la batería, miedo a quedarse tirado y miedo a que, si se rompe algo, la factura sea descomunal«. Una percepción que coincide, punto por punto, con los últimos estudios del sector.
2La batería, el gran temor del comprador medio
Si hay un elemento que genera desconfianza en el coche eléctrico, ese es la batería. Su degradación, su vida útil y, sobre todo, su coste de sustitución se han convertido en el principal freno psicológico para el comprador. No es casualidad que más del 60% de los interesados en un eléctrico usado cite la batería como su mayor preocupación.
“Cuando explicas que una batería puede costar lo mismo que un coche de segunda mano entero, la conversación se enfría”, reconoce Raquel. Aunque los fabricantes insisten en que las baterías modernas duran más de lo que se cree, el mensaje no termina de calar. La falta de un historial claro y verificable en el mercado de ocasión tampoco ayuda a generar confianza.








