El coche eléctrico lleva años siendo protagonista de titulares y promesas sobre sostenibilidad, ahorro y futuro. Sin embargo, al bajar al terreno real de los concesionarios, el discurso cambia. Las cifras no terminan de despegar y, en España, el interés por este tipo de vehículos empieza a mostrar claros síntomas de desgaste. La electrificación avanza, sí, pero a un ritmo mucho más lento de lo esperado.
Para entender qué está pasando de verdad, basta con escuchar a quienes están en primera línea de venta. Raquel es jefa de venta en un gran concesionario multimarca, y lo resume sin rodeos: «La gente no se compra un eléctrico por el miedo. Miedo a la batería, miedo a quedarse tirado y miedo a que, si se rompe algo, la factura sea descomunal«. Una percepción que coincide, punto por punto, con los últimos estudios del sector.
1El freno invisible del coche eléctrico en España
España es uno de los países europeos donde más se ha enfriado la intención de compra de un coche eléctrico en el último año. Según los últimos estudios, el interés ha pasado del 60% al 45%, una caída significativa que no se explica solo por el precio. Raquel lo ve a diario: “Hay clientes que vienen muy convencidos, han leído mucho, comparan modelos… pero cuando llegamos a hablar de batería, autonomía real y garantías, empiezan las dudas”.
El problema no es únicamente el coste inicial del vehículo eléctrico, sino la sensación de incertidumbre a medio y largo plazo. Muchos compradores potenciales no saben cuánto les costará mantenerlo en cinco o seis años. “Con un diésel o un gasolina, más o menos sabes a qué atenerte. Con un eléctrico, todo gira alrededor de la batería, y eso impone mucho respeto”, añade.







