Borja (44), mecánico: «Los coches modernos tienen unas 4.000 piezas más que uno de hace 10 años. A cual más cara. Y eso tu bolsillo lo nota»

Los coches son más complejos que hace unos años, lo que dispara el trabajo de los talleres, la mano de obra y la factura.

Llevar el coche al taller ya no es lo que era. No porque los mecánicos o los talleres sean peores, sino porque los vehículos son cada vez más avanzados y tienen mucha más tecnología que hace unos años. Y, lógicamente, eso influye en el tiempo de reparación y en el precio.

«Los coches modernos tienen unas 4.000 piezas más que uno de hace 10 años. A cuál más cara. Y tu bolsillo lo nota», explica Borja, mecánico con más de dos décadas de experiencia. Según el informe ‘La posventa (in)sostenible’ de Solera, los coches han aumentado su complejidad en más de un 52 % en apenas una década.

Así que si tienen más sistemas, más electrónica y más elementos para funcionar, hay más probabilidades de que todo eso falle. ¿Estamos ante coches mejores o simplemente más difíciles (y caros) de mantener?

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Más piezas, más tecnología… y más ‘razones’ para fallar

Fuente: Norauto

Un coche actual es algo así como un puzzle gigante, pues puede tener más de 30.000 piezas. Solo el motor tiene alrededor de 2.000 componentes móviles, y eso sin contar todo lo que tiene alrededor (asistentes, sensores, cableado, módulos electrónicos). En 2012, por ejemplo, un coche medio tenía unos 8.360 elementos.Y 10 años después, superaba los 12.700.

¿Y cuál es la explicación? La electrificación, los asistentes a la conducción (ADAS) o sistemas como el AdBlue, en el caso del diésel, han multiplicado el número de componentes.

«Antes buscabas una avería y casi siempre era algo mecánico. Ahora, muchas veces el problema está en un sensor o en una centralita, y localizarlo lleva más tiempo«, explica.

También cambia la naturaleza de las averías. Hace poco tiempo, lo más habitual era llevar el coche al taller porque se había roto alguna pieza, pero hoy puede ser para calibrar algún sistema o por un problema de software. Eso sí, la tecnología es necesaria por una cuestión de seguridad y para mejorar la comodidad (frenadas automáticas, mantenimiento de carril, cámaras…), pero esos avances tienen un coste indirecto que no siempre tenemos en cuenta.

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