La llegada del coche eléctrico no solo ha cambiado la forma en la que nos movemos, también ha transformado por completo el concepto de mantenimiento. Durante décadas, los conductores han asumido como algo inevitable las visitas periódicas al taller para cambiar aceite, filtros o correas. Sin embargo, con la electrificación del automóvil, muchas de esas operaciones han pasado a la historia… y con ellas, una buena parte del gasto anual en mecánica.
En el caso de los híbridos y, especialmente, de los modelos 100% eléctricos, la simplicidad mecánica juega a favor del usuario. Menos piezas móviles, menos fricción y menos elementos sometidos a desgaste significa menos intervenciones y más ahorro. No es solo una cuestión de comodidad: también es un argumento económico de peso para quienes están valorando dar el salto a un eléctrico.
5Revisiones más rápidas y económicas
Las revisiones periódicas de un coche eléctrico son más sencillas porque hay menos elementos que inspeccionar. No hay sistema de escape, ni catalizador, ni inyectores, ni turbo. Esto reduce el tiempo de trabajo en el taller y, por tanto, la factura final.
A cambio, se revisan otros puntos como el sistema eléctrico, el estado de la batería, el software o los sistemas de refrigeración. Pero estas operaciones suelen ser más espaciadas y menos costosas que el mantenimiento completo de un coche de combustión.
La suma de todos estos factores se traduce en una cifra muy tangible para el conductor. Diversos estudios del sector sitúan el ahorro en mantenimiento de un coche eléctrico frente a uno de combustión en varios cientos de euros al año, dependiendo del uso y del modelo. Si eliminamos cambios de aceite, filtros, correas, embrague y reducimos el desgaste de frenos, el coste total a lo largo de la vida útil del vehículo puede ser notablemente inferior.


