Los coches conectados comparten más datos privados que un móvil, según una investigación académica publicada en Estados Unidos. El trabajo analizó 21 vehículos de 19 marcas y 30 aplicaciones asociadas, y la conclusión es incómoda: quien quiere las funciones modernas del coche las paga con información que va mucho más allá de la conducción.
El estudio, coordinado por un centro universitario estadounidense junto a una organización de defensa del consumidor, rastreó el tráfico de red de 21 coches nuevos. No se midió lo que el fabricante dice recoger, sino a qué servidores conecta el vehículo mientras circula y cuando su dueño abre la aplicación. La definición de vehículo conectado abarca ya bastante más que la pantalla del salpicadero, como recoge su entrada de Wikipedia.
Qué encontraron: de un coche silencioso a 51 empresas de publicidad
El primer dato descoloca. El 70% de las aplicaciones analizadas contactó con más de cinco dominios ajenos dedicados a publicidad, seguimiento y analítica. La app con la que abres el coche, precalientas el habitáculo o consultas el estado de carga tiene su propia red de rastreo, independiente de la del vehículo y a menudo más extensa.
El segundo dato es la diferencia entre marcas. La aplicación de Cadillac contactó con 51 dominios publicitarios, mientras que el Tesla Model 3 llegó a 34 y el Cybertruck se quedó en 23. En el extremo opuesto, el Mercedes EQS y el Buick Envista no contactaron con ningún tercero. Al sumar la app al cómputo, modelos que parecían mudos por sí solos superan las 20 empresas de rastreo.
13 de los 21 vehículos contactaron con dominios de Google, incluidos algunos que nada tienen que ver con los servicios básicos del coche. Los modelos con sistema operativo de Google integrado multiplicaron los rastreadores, y hasta marcas hermanas se comportaron de forma distinta: el Envista, el Lyriq y el Blazer no siguieron el mismo patrón.
Un teléfono se puede apagar; un coche conectado nunca queda del todo en silencio, y esa es la distancia entre ceder datos y regalarlos sin saberlo.
El hallazgo más delicado afecta al identificador del vehículo. Siete aplicaciones, presentes en 19 de los 21 coches analizados, enviaron datos personales a terceros de publicidad y analítica: las cuatro aplicaciones del grupo General Motors, HondaLink, Lincoln y MyNissan. El número de identificación del vehículo (VIN) fue el dato más transmitido, con destinatarios que incluyen a Google, Microsoft y Meta.
La diferencia con un móvil es de fondo. Un teléfono permite restablecer el identificador de publicidad; el VIN no se puede reiniciar. Cruzado con un correo electrónico o una ubicación, ese código permite vincular a una persona concreta con su historial de navegación y de compras.
Tu coche abre el navegador del móvil sin que lo sepas
Hay un detalle técnico que explica por qué el rastro es tan difícil de acotar. Aunque el conductor se limite a las aplicaciones instaladas de fábrica, algunas abren el navegador del teléfono. A partir de ahí, el flujo deja de regirse por la configuración del coche y pasa a seguir la del móvil: el vehículo recibe cookies e historial de navegación sin que el propietario lo haya autorizado de forma explícita.
Los fabricantes tampoco ofrecen una salida limpia. De 17 marcas consultadas, 14 respondieron: todas sostuvieron que sus contratos con proveedores cubren los flujos de datos. Cinco culparon a los navegadores integrados en sus aplicaciones y siete defendieron que leer los términos de terceros es responsabilidad del usuario. Las políticas admiten que los datos acaban en terceros, pero no detallan cuáles ni para qué.
Las advertencias de las marcas dejan claro el precio de decir no:
- Funciones de la aplicación: al rechazar el tratamiento, algunas marcas avisan de funcionalidad reducida o directamente inoperativa.
- Navegación y actualizaciones remotas: una marca advierte de que ambas quedan desactivadas si el usuario se niega.
- Datos compartidos: las políticas reconocen el envío a terceros sin especificar destinatarios ni motivos.
Hubo una sola rectificación durante la investigación. Honda pidió a su proveedor de analítica que borrara los datos de localización que había recibido y dejó de enviarlos. El resto de fabricantes mantuvo su posición.
Qué cambia esto para el conductor español
En Europa el punto de partida es distinto. El Reglamento General de Protección de Datos obliga a justificar cada tratamiento con una base jurídica y a informar con claridad de los destinatarios, algo que choca con políticas que admiten cesiones sin decir a quién. Desde septiembre de 2025 se aplica además el reglamento europeo de datos, que reconoce al usuario el derecho a acceder a la información generada por un producto conectado y a compartirla con quien decida, talleres independientes incluidos.
La traducción práctica para quien conduce un coche conectado en España es doble. Los derechos de acceso, rectificación y supresión se ejercen ante el fabricante, sin coste y con un mes de plazo de respuesta como referencia. Y conviene revisar los permisos de la aplicación oficial del coche con el mismo criterio con que se revisan los de cualquier app del móvil.
El siguiente hito no llegará de un estudio académico, sino de las primeras resoluciones sancionadoras en Europa. Serán las que fijen dónde acaba el dato técnico que mejora el coche y empieza el dato comercial que se revende. La cifra que resume el problema sigue siendo la misma: 51 dominios contactados por una sola aplicación frente a los cuatro dominios propios que un vehículo necesita para funcionar.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: el 70% de las aplicaciones de coche contactó con más de cinco dominios de publicidad y analítica, y una sola app llegó a 51.
- Consejo práctico: revisa los permisos de la app oficial de tu coche y su acceso al navegador del móvil; negarse al tratamiento puede dejarte sin funciones, pero es la vía más directa para limitar el rastro.
- Así te afecta: el VIN no se puede reiniciar como el identificador de un teléfono, así que el rastro acompaña al vehículo mucho más tiempo que el de cualquier otro dispositivo.


