Te levantas por la mañana, vas a coger tu coche eléctrico y, de repente, notas algo extraño. Miras el cuadro de instrumentos y los kilómetros de autonomía que te quedan no cuadran con lo que recordabas ayer. ¿Qué ha pasado? ¿Alguien te ha quitado energía de la batería? No, solo es que el termómetro ha bajado.
El frío es uno de los peores enemigos de las baterías, y para un coche eléctrico supone un problema si no se presta atención. Rita, técnico de mantenimiento, explica por qué tu coche se comporta así y cómo puedes dominar el invierno sin miedo a quedarte tirado.
Las bajas temperaturas restan kilómetros a tu coche eléctrico

La mayoría de coches eléctricos utilizan baterías de iones de litio. En su interior hay un líquido llamado electrolito y dos placas, una positiva y otra negativa. Cuando aceleras o cargas el coche, los electrones tienen que viajar de una placa a otra atravesando ese líquido.
El problema es que al frío no le gusta el movimiento. Cuando las temperaturas caen, el electrolito se vuelve más denso, casi como si se quisiera congelar o hacerse más espeso, como la miel cuando se saca de la nevera. Al estar más espeso, a los electrones les cuesta mucho más trabajo moverse. Van más despacio y el flujo de energía se vuelve perezoso. Esto significa que a la batería le cuesta más soltar la energía para mover las ruedas y también le cuesta más recibirla cuando intentas cargar.
Además, hay otro factor que no podemos olvidar. Esa resistencia que encuentran los electrones al intentar moverse por un líquido espeso genera calor. Es decir, parte de la electricidad que debería estar moviendo tu coche se desperdicia convirtiéndose en energía calórica dentro de la propia batería, una ineficiencia que el sistema tiene que gestionar. Por eso, si notas que el coche responde con menos brío o que la autonomía baja de forma repentina, ya sabes que no es un fallo mecánico, sino química pura afectada por el clima.
No todos los climas afectan de la misma manera a la movilidad eléctrica. En España tenemos mucha suerte si comparamos nuestra situación con la de los países del norte de Europa. Las baterías de los coches eléctricos se sienten cómodas cuando la temperatura ambiente está entre los 15 y los 25 grados. En ese rango, el electrolito tiene la fluidez perfecta y los electrones viajan a toda velocidad sin encontrar resistencia.
Según los datos técnicos que manejan los talleres y estudios realizados por entidades como el RACE, en un país como el nuestro la pérdida de autonomía por culpa del frío suele rondar apenas el 15%. Es una cifra que se nota, pero que no debería impedirte realizar tus trayectos habituales si planificas un poco. Sin embargo, si vives en zonas de montaña o en lugares donde el termómetro baja de cero de forma habitual, este porcentaje se puede disparar. En climas extremos, la batería gasta una cantidad ingente de su propia energía solo en intentar calentarse a sí misma para poder funcionar. Es como si el coche tuviera que dedicar una parte de su combustible a mantener el resto del combustible en buen estado.
El secreto del precalentamiento antes de salir

Uno de los errores más comunes que se cometen con un coche eléctrico es subirse a él por la mañana y encender la calefacción a tope nada más arrancar. Tienes que pensar que la calefacción en un coche eléctrico es un gran consumidor de energía. A diferencia de los coches de gasolina, que aprovechan el calor sobrante del motor para calentar el habitáculo, el coche eléctrico tiene que fabricar ese calor usando la energía de la batería. Esto puede suponer un gasto de entre el 5% y el 10% de tu carga total solo para que no pases frío.
Pero hay una solución que te hará ahorrar mucho dinero y preocupaciones. La mayoría de coches eléctricos permiten programar la temperatura desde una aplicación en el móvil o desde el propio menú del vehículo. El truco está en programar el precalentamiento mientras el coche todavía está enchufado a la corriente, preferiblemente durante la noche o justo antes de salir. De esta manera, el coche utiliza la energía de la red de tu casa para calentar el habitáculo y acondicionar la batería, y no la energía que tienes almacenada para conducir. Cuando te subas al coche, el interior estará perfecto y la batería ya habrá alcanzado una temperatura de funcionamiento óptima, por lo que empezarás tu viaje con el 100% de la energía disponible para moverte.
Mucha gente piensa que los asientos calefactables o el volante térmico son lujos innecesarios, pero en un coche eléctrico son muy buenas herramientas. Si tu coche tiene este equipamiento, úsalo. Es mucho más eficiente calentar tu cuerpo a través del contacto con el asiento que intentar calentar todo el aire que hay dentro del habitáculo.
Calentar el aire requiere mover ventiladores y usar resistencias que consumen mucha energía. En cambio, las mantas térmicas que llevan los asientos consumen una cantidad ridícula en comparación. Si vas solo en el coche, prueba a poner la calefacción general un par de grados más baja de lo normal y compensa esa sensación con el calor del asiento. Verás cómo la autonomía de tu marcador deja de bajar de forma tan alarmante. Es un cambio de hábito pequeño que tiene un impacto directo en los kilómetros que puedes recorrer con tu coche eléctrico.
El momento perfecto para cargar la batería en invierno
Otro consejo tiene que ver con el momento de la carga. En invierno, la batería tiene más dificultades para almacenar energía si está fría. Si llegas a casa del trabajo y dejas el coche aparcado toda la noche para cargarlo a las tres de la mañana, la batería estará helada cuando empiece a recibir electricidad. Esto hará que la carga sea más lenta y menos eficiente.
Lo ideal es que conectes el coche justo después de haber terminado tu trayecto, cuando la batería todavía conserva la temperatura de haber estado funcionando. Al estar caliente, la química interna aceptará la carga de forma mucho más fluida y rápida. Esto no solo es mejor para la salud de las celdas a largo plazo, sino que te asegura que el proceso de carga sea lo más eficiente posible, aprovechando cada céntimo que pagas por la luz. Además, si tienes la suerte de contar con un garaje cubierto, úsalo siempre. Mantener el coche a cobijo, lejos de las corrientes de aire helado o de la escarcha, marca una diferencia abismal en cómo se despierta el vehículo al día siguiente.
Además, la forma en la que conduces puede compensar ese 15% que el frío te quiere quitar casi por completo. En invierno, la suavidad es tu mejor herramienta. Si realizas aceleraciones bruscas, le estás pidiendo a una batería fría un esfuerzo enorme que genera mucho estrés interno. En cambio, si conduces de manera consciente y aprovechas al máximo la frenada regenerativa, estarás devolviendo energía a la batería de forma constante. La frenada regenerativa es muy útil porque, además de recuperar energía, ayuda a mantener una mínima actividad térmica en el sistema. Al anticiparte a los semáforos o a las retenciones y dejar que el coche se retenga por sí solo, estás optimizando cada vatio.Es cierto que el frío pone las cosas un poco más difíciles, pero si sigues estos pasos, descubrirás que tu coche eléctrico es capaz de afrontar el invierno sin tener que renunciar a tu libertad de movimiento.








