El invierno no solo pone a prueba nuestra paciencia por las mañanas frías o las carreteras en peor estado, también supone un auténtico examen para el coche eléctrico. Las bajas temperaturas influyen directamente en su funcionamiento, especialmente en el corazón del sistema: la batería. Por eso, cuando el termómetro cae, conviene extremar los cuidados y adaptar algunos hábitos para seguir disfrutando del vehículo sin sobresaltos.
A diferencia de un coche tradicional, el eléctrico no aprovecha el calor residual de un motor de combustión. Todo depende de la energía almacenada y de cómo se gestione. En esta época del año, prestar atención a pequeños detalles puede marcar la diferencia entre un uso eficiente o una experiencia frustrante, con menos autonomía y tiempos de carga más largos.
5Planificación y neumáticos, tus aliados en invierno
En los meses fríos, la autonomía de un coche eléctrico puede reducirse entre un 20 y un 30%. Por eso, planificar los trayectos cobra aún más importancia. Antes de salir, es recomendable identificar puntos de carga en la ruta y dejar siempre un margen de seguridad en la batería, evitando bajar del 20% salvo casos puntuales.
Además, no hay que olvidar los neumáticos. El frío reduce la presión y una rueda poco inflada aumenta la resistencia al rodaje, lo que implica más consumo. Revisar la presión con frecuencia y optar por neumáticos de invierno en zonas con hielo o nieve no solo mejora la seguridad, sino que también ayuda a que el eléctrico mantenga una autonomía más estable.


