El invierno no solo pone a prueba nuestra paciencia por las mañanas frías o las carreteras en peor estado, también supone un auténtico examen para el coche eléctrico. Las bajas temperaturas influyen directamente en su funcionamiento, especialmente en el corazón del sistema: la batería. Por eso, cuando el termómetro cae, conviene extremar los cuidados y adaptar algunos hábitos para seguir disfrutando del vehículo sin sobresaltos.
A diferencia de un coche tradicional, el eléctrico no aprovecha el calor residual de un motor de combustión. Todo depende de la energía almacenada y de cómo se gestione. En esta época del año, prestar atención a pequeños detalles puede marcar la diferencia entre un uso eficiente o una experiencia frustrante, con menos autonomía y tiempos de carga más largos.
4Climatización: confort sí, derroche no
Durante el invierno, la calefacción es uno de los grandes consumidores de energía en un eléctrico. A diferencia de en los coches de combustión, aquí no hay calor ‘gratis’: subir varios grados la temperatura del habitáculo tiene un coste directo en autonomía. Por eso, conviene usarla con cabeza.
Siempre que sea posible, es preferible recurrir a elementos como los asientos o el volante calefactables, que consumen mucha menos energía y aportan una sensación de confort inmediata. Ajustar la temperatura a un nivel razonable y evitar cambios bruscos ayuda a mantener el equilibrio entre comodidad y eficiencia.


