El invierno no solo pone a prueba nuestra paciencia por las mañanas frías o las carreteras en peor estado, también supone un auténtico examen para el coche eléctrico. Las bajas temperaturas influyen directamente en su funcionamiento, especialmente en el corazón del sistema: la batería. Por eso, cuando el termómetro cae, conviene extremar los cuidados y adaptar algunos hábitos para seguir disfrutando del vehículo sin sobresaltos.
A diferencia de un coche tradicional, el eléctrico no aprovecha el calor residual de un motor de combustión. Todo depende de la energía almacenada y de cómo se gestione. En esta época del año, prestar atención a pequeños detalles puede marcar la diferencia entre un uso eficiente o una experiencia frustrante, con menos autonomía y tiempos de carga más largos.
2¿Dónde y cómo aparcar el coche eléctrico?
Otro aspecto clave para proteger un eléctrico en invierno es el lugar donde se deja estacionado. Aunque no esté climatizado, aparcar en un garaje ayuda a que la batería no sufra cambios bruscos de temperatura y se mantenga en un entorno más estable. Esa diferencia, por mínima que parezca, tiene un impacto real en el rendimiento diario.
Si no se dispone de garaje, conviene buscar un lugar resguardado del viento y del frío extremo. Incluso detalles como aparcar cerca de una farola o junto a un edificio pueden suponer uno o dos grados más, suficientes para que la batería no parta de una situación tan desfavorable al iniciar la marcha. En invierno, cada pequeño gesto cuenta.


