En la historia del automóvil, pocas marcas han logrado forjar un nombre tan sólido como Honda. Y dentro de su gama, un modelo destaca por encima de todos: el Civic. Este compacto de la marca japonesa no solo ha conquistado millones de conductores por su eficiencia y economía, sino que también se ha ganado la fama de prácticamente indestructible.
En 1994, Honda decidió llevar esa reputación al límite de una manera que pocos podrían imaginar. Los japoneses no se conformaron con las típicas campañas de marketing sobre fiabilidad, quisieron demostrarla de manera tangible y medible. Así, un Civic se convirtió en el protagonista de un experimento que marcaría un hito en la historia del automóvil: permanecer en funcionamiento durante 63 días consecutivos, las 24 horas del día. Sin pausas, apagones o trucos publicitarios. Un test de ingeniería llevado al extremo.
1El experimento sin precedentes
El experimento de Honda con el Civic no tenía precedentes en la industria automotriz. La marca colocó el vehículo en un banco de pruebas especialmente diseñado y lo mantuvo en marcha 24 horas al día, durante un total de 1.500 horas continuas. El público podía observar el proceso, lo que añadía un plus de transparencia poco habitual: no había cámaras, ni efectos especiales, ni narrativas dramáticas. Solo un Civic haciendo lo que estaba diseñado para hacer.
Los ingenieros de Honda monitoreaban cuidadosamente todos los parámetros: las cargas del motor, los ciclos de temperatura y las revoluciones por minuto sostenidas. Cada detalle contaba. Porque el objetivo era demostrar que el Civic no solo era eficiente y económico, sino que su motor podía resistir un uso extremo sin fallos mecánicos. La prueba convirtió la palabra ‘fiabilidad’ en una evidencia tangible.







