El accidente de tren ocurrido el pasado domingo 18 de enero a la altura de Adamuz (Córdoba) ha puesto en entredicho la calidad y el mantenimiento del sistema ferroviario español. Y de paso, el estado de las carreteras españolas, que también dependen del ministerio que dirige Óscar Puente.
El último informe de la Asociación Española de la Carretera (AEC), que data del pasado verano, señala que el 52% de la red viaria interurbana en España presenta deficiencias graves o muy graves. Era algo que ya sabíamos desde hace meses, y que todos los conductores hemos experimentado en algún momento, pero la tragedia en Adamuz ha servido para pedir también responsabilidades al Gobierno de Pedro Sánchez.
Este es el estado de las carreteras españolas

El estudio de la AEC, que se centra en el estado del pavimento, analiza únicamente las vías interurbanas y deja fuera a las autopistas de peaje. El resultado es que hay 34.000 kilómetros que necesitan intervención urgente en un plazo inferior a un año. En 2022 eran algo más de 13.000 kilómetros, pero la cifra se ha triplicado en solo tres años.
¿El motivo? Para saberlo, los técnicos que han elaborado este informe han utilizado por primera vez auscultación digital mediante Inteligencia Artificial. Es decir, un sistema conocido como ASIMOB que sirve para analizar tramos completos con una cámara instalada en un vehículo que circula a una velocidad normal. En estudios anteriores se revisaron 300 kilómetros, pero en esta ocasión esa precisión ha aumentado a 4.000.
Lógicamente, afina bastante la radiografía de las carreteras españolas. La red viaria suma 165.705 kilómetros, a repartir entre el Estado, las comunidades autónomas y las diputaciones. Y no todas las vías envejecen de la misma manera. Por ejemplo, Aragón, Castilla-La Mancha o Galicia concentran un mayor porcentaje de tramos deteriorados, mientras que hay comunidades con mejores cifras.
Inversión, mantenimiento y un efecto ‘bola de nieve’

El deterioro tiene una traducción directa en la economía, y es que el déficit acumulado de inversión en conservación supera ya los 13.491 millones de euros. De ellos, los 4.721 millones corresponden a la Red del Estado, y 8.770 millones a redes autonómicas y forales.
Según la AEC, las carreteras han ido perdiendo calidad a un ritmo cercano al 8% anual. Parte de ese incremento del déficit se explica por el encarecimiento de los materiales, la energía y la mano de obra. Pero otra parte responde al propio desgaste de la infraestructura, que no suele recibir mantenimiento cuando toca.
Para entenderlo mejor, los datos del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) lo ponen en contexto. Tras la caída del año 2008 por la crisis económica, la inversión en carreteras se ha ido recuperando poco a poco en los últimos años, pero no ha llegado a niveles suficientes para revertir el deterioro acumulado.
Las consecuencias para los conductores del deterioro de las carreteras

Lo que sí hay que subrayar es que el informe de la AEC no establece una correlación directa entre el mal estado del firme y un aumento de la siniestralidad. Es decir, muchas carreteras en mal estado siguen siendo transitables, aunque es necesario que el conductor ponga de su parte (reduzca la velocidad, refuerce la atención…).
Esto tampoco significa que haya cero impacto. Lógicamente, el firme en mal estado obliga a extremar la precaución, reduce la eficiencia del tráfico y aumenta al consumo de combustible. La propia AEC estima un sobrecoste de unos 270 millones de euros en combustible durante los meses de verano, debido a un aumento de hasta el 12% en el consumo y a una caída de la velocidad media.
Hay un ‘indicador’ muy significativo que nos ayuda a entender si la vía está en buen estado o no en unos segundos. Y es que si la carretera obliga a fijar límites de velocidad por debajo de lo que permitiría su diseño, esa vía no está ofreciendo el servicio para el que fue concebida.







