AEMET cierra el verano de 2026 con 61 días de ola de calor, veinte más que el anterior récord de 2022. Y para quien se mueve en moto, ese dato no es meteorología: es seguridad.
Según el balance oficial publicado por AEMET, esos 61 días se han repartido en cuatro episodios en la Península y Baleares, a los que se suma una ola de cinco días en Canarias.
El verano de 2022, hasta ahora la referencia, acumuló 41. La diferencia no es un matiz estadístico: los veinte días extra significan veinte jornadas de calor extremo con la moto en la calle, y eso acaba notándose en los reflejos.
Qué ha confirmado AEMET este verano
La serie histórica arranca en 1869 y nunca había registrado una persistencia así de temperaturas extremas en el conjunto del país. El organismo subraya además que las condiciones de pleno verano se han extendido más allá del trimestre junio-julio-agosto, con un episodio de temperaturas muy altas en mayo y una ola de calor ya en septiembre.
Canarias, con cinco días de ola, queda lejos de las cifras peninsulares. Pero confirma el patrón: el calor extremo ha dejado de ser un pico de agosto para convertirse en una estación difusa que empieza antes y termina después.
Un motorista deshidratado un dos por ciento pierde capacidad de reacción antes de tener sed, y a 120 km/h eso se mide en metros.
Qué le pasa al cuerpo cuando ruedas por encima de 40 °C
El calor no actúa como el cansancio clásico. No avisa. Cuando el termómetro supera los 40 °C la sudoración deja de ser eficaz, la sangre se concentra en la piel para refrigerar y el cerebro recibe menos riego del que necesita para tareas de atención sostenida. En moto, eso se traduce en tres cosas medibles: más tiempo de reacción, peor cálculo de distancias, y decisiones precipitadas.
Una pérdida del 2 % del peso corporal en agua ya reduce la capacidad de atención, y a esa cifra se llega sin sed, en dos o tres horas de ruta con la chaqueta cerrada. El casco agrava la cuenta: la cabeza es la zona donde más se nota la acumulación, y el acolchado interior empapado convierte cada parada en un pequeño infierno.
Hay un efecto secundario del que se habla poco: la visera. El sudor que resbala por la nariz obliga a abrirla, y abrirla a 90 km/h significa polvo, insectos y una mano menos en el manillar. Nada grave. Hasta que lo es.
El calor no avisa. Se acumula.

Equipamiento: la chaqueta de rejilla no es un salvoconducto
El mercado del equipamiento de verano se ha llenado de chaquetas de malla que cumplen la norma EN 17092 en sus niveles A o B. La clase A está pensada para uso urbano y velocidades contenidas, con protecciones más finas y menos superficie de abrasión cubierta. Si ruedas por carretera abierta, busca clase AA o superior y no te fíes del reclamo de ‘transpirable’ sin mirar la etiqueta.
- Chaqueta de malla con protecciones de nivel 2 en hombros y codos, y bolsillo para espaldera.
- Guantes cortos homologados: la mano es lo primero que toca el asfalto.
- Botas o calzado reforzado que cubra el tobillo, nunca zapatillas de tela.
- Camiseta técnica de secado rápido debajo; el algodón retiene el sudor y multiplica la sensación de calor.
Quitarse los guantes porque hace calor es la peor inversión posible: en una caída a baja velocidad la mano sufre antes que cualquier otra zona. Lo mismo con el pantalón corto. Y si el casco tiene más de cinco años, la ventilación ya no es la que era: las espumas se degradan y el flujo de aire se cierra.
Lo que dice la ley y lo que decide el termómetro
No existe ninguna norma en España que prohíba coger la moto con 42 °C, ni una multa específica por calor extremo. Lo que hay es el artículo 3 del Reglamento General de Circulación, que obliga a conducir con la diligencia y la precaución necesarias para evitar todo daño, y el artículo 118, que exige llevar el casco puesto y correctamente abrochado. El artículo 118 no admite la excusa del calor para llevar el casco suelto: son 200 euros y tres puntos del carnet si te paran así.
Fuera de nuestras fronteras hay precedentes más concretos. En Francia los guantes homologados son obligatorios desde 2016 para circular en moto, con 68 euros de multa y un punto menos si no los llevas. La medida no se justificó por el clima, sino por las lesiones de mano en caídas urbanas, pero encaja igual de bien en un país que acaba de cerrar el verano más cálido desde 1869.
La reflexión útil no es legal, es logística. Rodar a primera hora, planificar paradas cada 90 minutos, beber antes de tener sed y llevar una cantimplora en el depósito cambia más la seguridad que cualquier gadget de refrigeración. El próximo verano, con esta tendencia, tiene todas las papeletas para volver a batir el récord. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
Tu Mecánico de Confianza
El calor castiga la mecánica tanto como al cuerpo. Estas son las comprobaciones que yo haría antes de una ruta de julio o agosto, sin herramientas raras y en menos de diez minutos.
- Hidratación: 500 ml cada hora de ruta, con sales si el sudor es abundante. Nada de alcohol la noche anterior: la deshidratación empieza antes de salir.
- Presión de neumáticos: mide en frío y respeta la cifra del fabricante. Un asfalto a 60 °C eleva la temperatura de trabajo y una presión baja acelera el desgaste y calienta de más el flanco.
- Golpe de calor: dolor de cabeza, piel seca y escalofríos son la señal de alarma. Para, busca sombra y bebe agua con sales; consulta con un profesional si los síntomas no remiten.
- Ahorro real: una chaqueta de malla homologada AA con protecciones de nivel 2 ronda los 150-200 euros, menos de lo que cuesta una sola caída sin ellas.
Hay un detalle que casi nadie revisa y que explica más de un susto: el líquido de frenos. Con calor sostenido gana humedad y baja el punto de ebullición, así que si la maneta se va al fondo en un puerto largo, no es el calor, es el DOT 4 pidiendo cambio. Más contexto sobre el golpe de calor y sus síntomas en la ficha de referencia.

