Black Badge, el “lado oscuro” de Rolls-Royce, cumple diez años

El programa Black Badge, de Rolls-Royce, celebra su décimo aniversario desde su presentación en 2016. Lo que nació como respuesta a una nueva generación de clientes adinerados y transgresores se ha convertido en un referente estético que ha marcado al sector del superlujo.

El programa Black Badge de Rolls-Royce cumple una década desde que debutó en el Salón del Automóvil de Ginebra (Suiza) en 2016, de la mano del Black Badge Wraith y el Black Badge Ghost. Lo que entonces parecía una apuesta arriesgada —oscurecer los iconos más venerados de la marca, como la Dama Alada y la parrilla Panteón— se ha revelado como una de las decisiones comerciales y creativas más influyentes en la historia reciente del automóvil de lujo.

Como ha señalado Chris Brownridge, consejero delegado de Rolls-Royce Motor Cars, con sede en Goodwood (West Sussex, Reino Unido): “Desde el principio, Black Badge se creó para dar la bienvenida a una nueva generación de clientes: individuos que expresan su éxito sin disculpas y con convicción. Al servirles con el cuidado y la precisión que definen la experiencia Rolls-Royce, hemos hecho que la marca sea relevante para muchos clientes que quizás nunca la habrían considerado”.

Los orígenes de los acabados Black Badge: de John Lennon a Silicon Valley

La filosofía Black Badge tiene raíces más profundas de lo que podría parecer. Durante la digitalización de los archivos de la marca, los historiadores de Rolls-Royce documentaron un Rolls-Royce 20 H.P. Brewster Brougham de 1928 en el que su propietario —J. E. Aldred, uno de los financiadores fundadores de Rolls-Royce of America, Inc.— solicitó que tanto la Dama Alada como la parrilla del radiador se acabaran en negro en lugar del metal brillante habitual; un gesto absolutamente excepcional en aquella época, en la que el cromo pulido era sinónimo de modernidad y prestigio.

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Sin embargo, el verdadero antecedente espiritual del Black Badge es un Rolls-Royce Phantom V encargado en diciembre de 1964 por John Lennon. El músico solicitó que fuera negro por completo, incluyendo toda la ornamentación que habitualmente lucía cromo o acero inoxidable. El resultado, construido por los carroceros Mulliner Park Ward, fue un automóvil tan radical como su propietario, y que hoy se considera el precursor directo de lo que Black Badge representa.

Black Badge, el “lado oscuro” de Rolls-Royce, cumple diez años

Medio siglo después, en los primeros años de la década de 2010, una nueva generación de emprendedores comenzó a acercarse a Rolls-Royce. Habían amasado su fortuna jóvenes, a menudo aprovechando las nuevas tecnologías para transformar industrias enteras. Admiraban el V12 de la marca y sus materiales irrepetibles, pero pedían algo más disruptivo: una versión de Rolls-Royce que reflejara su actitud.

El Black Badge de hoy: de la oscuridad técnica al universo propio

Para dar respuesta a ese grupo, los diseñadores e ingenieros de Goodwood desarrollaron un proceso de pintura hasta entonces desconocido en la producción en serie. Se aplicaron 45 kilos de pintura eloctrostática, se aplicaron dos capas de barniz, y cuatro artesanos pulieron a mano el resultado durante entre tres y cinco horas. El negro obtenido, de una profundidad y un brillo sin parangón en la industria, se convirtió en la firma visual del programa.

El mascarón o mascota conocido como el Espíritu del Éxtasis y la parrilla Panteón se cubrieron en negro mediante un proceso de cromado modificado: se introdujo un electrolito específico en el proceso tradicional que oscurece el acabado final hasta alcanzar un espesor de apenas un micrómetro, equivalente a aproximadamente una centésima parte del diámetro de un cabello humano. Cada pieza fue pulida a mano para lograr un acabado espejo negro.

A los cambios estéticos se sumaron modificaciones mecánicas: mayor potencia y par, calibraciones específicas de la transmisión y el acelerador, chasis rebajado y más rígido, y un sistema de escape diseñado para que el Black Badge se anunciara antes incluso de ser visto.

Black Badge, el “lado oscuro” de Rolls-Royce, cumple diez años

El programa adoptó también un símbolo propio: el signo matemático del infinito, que evoca la potencia sin límite de estos motores y rinde homenaje a sir Malcolm Campbell, quien pilotó la hidroavioneta Blue Bird K3 —propulsada por un motor Rolls-Royce— hasta un récord de velocidad de 209 km/h (130 mph) en la década de 1930.

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En la actualidad, el catálogo Black Badge incluye el Black Badge Spectre, el Black Badge Ghost y el Black Badge Cullinan. A lo largo de su primera década, el programa ha inspirado encargos únicos que van desde la cultura de los videojuegos clásicos hasta el arte urbano, pasando por colecciones de zapatillas o referencias a discotecas míticas.

Dicho todo esto, lo cierto es que por mucho que Rolls-Royce presuma de tendencia estrenando sus acabados en negro brillante en 2016, Land Rover comezó ya a introducir la parrilla, las carcasa de los retrovisores, el difusor trasero, el techo, el alerón y los pilares de color negro brillante en el acabado Dynamic de su primer Evoque, en un lejano 2011. 

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Las claves del programa Black Badge de Rolls-Royce

  • Black Badge debutó en Ginebra (Suiza) en 2016 con el Wraith y el Ghost, y desde entonces ha crecido hasta disponer de tres modelos en cartera.
  • El primer antecedente data de 1928, pero su “origen espiritual” se remonta al Phantom V totalmente negro que John Lennon encargó en 1964.
  • La pintura negra característica requiere 45 kg de material y entre tres y cinco horas de pulido a mano por cuatro artesanos.
  • La mascota y la parrilla negras se logran con un proceso de cromado modificado de apenas un micrómetro de espesor final.
  • El símbolo del infinito identifica el universo Black Badge y homenajea los récords de velocidad de sir Malcolm Campbell en los años 30.
  • La gama actual comprende el Black Badge Spectre, el Black Badge Ghost y el Black Badge Cullinan.
  • En diez años, Black Badge ha pasado de nicho transgresor a referente estético del sector del superlujo mundial.