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martes, 20 enero 2026

Esteban (35), informático: ‘He configurado Google Maps a nivel pro y la batería de mi smartphone no se acaba nunca’

Google Maps puede ser un devorador de energía. Pero bien configurado, consume mucho menos de lo que crees. La clave está en ajustar el smartphone como lo haría un profesional.

Usar Google Maps en el coche se ha convertido en algo tan cotidiano como abrocharse el cinturón. Ya sea para ir al trabajo, esquivar atascos o encontrar ese restaurante perdido en mitad de una zona industrial, el navegador de Google es el copiloto digital de millones de conductores. Sin embargo, hay un problema que se repite una y otra vez: el consumo excesivo de batería del smartphone.

Pantalla encendida, GPS activo, datos móviles funcionando sin descanso… la combinación perfecta para que la batería se desplome en trayectos largos o incluso en recorridos urbanos de apenas una hora. Pero, ¿y si el problema no fuera Google Maps en sí, sino cómo lo usamos? Esteban, informático de 35 años y conductor habitual, asegura haber dado con la clave para que la batería de su móvil “dure eternamente” incluso usando navegación a diario.

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El modo oscuro y la pantalla: mucho más importantes de lo que parece

Navegación más fácil con la nueva actualización de Maps. Fuente propia/IA.

Otro de los grandes aliados para cuidar la batería es el modo oscuro. En móviles con pantalla OLED o AMOLED, utilizar Google Maps en modo oscuro reduce de forma considerable el consumo energético, especialmente en trayectos nocturnos o con poca luz.

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Pero no solo se trata del color de la interfaz. Esteban insiste en ajustar el brillo de la pantalla de forma manual. “El brillo automático suele pasarse de intensidad cuando el sol incide directamente, y eso se paga en batería”, comenta. Ajustar el brillo al nivel justo para ver bien el mapa, sin excesos, marca la diferencia en viajes largos.

También recomienda desactivar animaciones innecesarias y vistas en 3D cuando no aportan información real. El mapa en perspectiva es muy vistoso, pero obliga al procesador gráfico del smartphone a trabajar más, algo que se traduce en un mayor consumo energético.

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