La movilidad eléctrica se ha presentado siempre como el futuro de la automoción porque son más sencillos, tienen menos piezas que se puedan romper y su mantenimiento es casi inexistente en comparación con un coche de gasolina o diésel. Sin embargo, los datos sobre averías que llegan desde Alemania están empezando a dibujar una realidad distinta. Si tienes un coche eléctrico o estás pensando en dar el paso, es normal que te preguntes qué está pasando y por qué las asistencias en carretera no dejan de crecer.
La noticia ha saltado tras el último informe publicado por el ADAC, el club automovilístico más grande de Europa. Según sus datos de 2025, las averías en los coches eléctricos han aumentado un 15% respecto al año anterior. Y lo más curioso es que, aunque hablemos de tecnología de última generación y de baterías capaces de mover toneladas a velocidades increíbles, el principal enemigo de estos coches es algo mucho más mundano y conocido por todos los conductores desde hace décadas.
El sorprendente culpable de muchas averías en coches eléctricos

Podrías pensar que si un coche eléctrico se detiene es porque su enorme batería de litio ha fallado o porque el motor eléctrico ha sufrido un cortocircuito grave. Nada más lejos de la realidad. El informe del ADAC deja muy claro que casi la mitad de las intervenciones tienen su origen en la batería de arranque, la de toda la vida. La misma que lleva un coche de gasolina convencional para encender las luces o el equipo de música.
Esta batería es la encargada de alimentar los sistemas electrónicos básicos, de desbloquear las cerraduras y, lo más importante, de activar los contactores que permiten que la batería grande entre en funcionamiento. Si no hay energía en la pequeña, el sistema de alta tensión no se conecta por seguridad y te quedas tirado.
En muchos casos, el problema se debe a que la gestión electrónica de los coches eléctricos pone mucho estrés sobre esta batería auxiliar. Además, muchos usuarios se confían pensando que, al ser un coche eléctrico, no tienen que preocuparse por este componente. La realidad es que el paso del tiempo no perdona y, en países con climas fríos como Alemania, las bajas temperaturas pasan factura a la química de estas baterías. Es irónico pensar que la tecnología más avanzada dependa todavía de una pieza tan básica y tradicional.
El aumento de las ventas y la realidad en carretera

Otro factor fundamental que explica por qué hay más averías en coches eléctricos es solo estadístico. Alemania ha hecho una apuesta muy fuerte por la electrificación y es el país de la Unión Europea que más vehículos de este tipo vende. Es de lógica que si hay más coches eléctricos circulando por las carreteras, el número de incidencias va a subir. En el año 2025, las asistencias específicas a vehículos de cero emisiones superaron las 50.000 intervenciones.
Esto supone un crecimiento del 15% en solo un año, una cifra que asusta si se mira de forma aislada, pero que tiene sentido cuando ves que el mercado no deja de crecer. Sin embargo, no todo son averías mecánicas en el sentido estricto de la palabra. Hay un tipo de asistencia que se repite con bastante frecuencia y que tiene que ver con la planificación del viaje. Muchos conductores todavía sufren lo que se conoce como la ansiedad por la autonomía o que cometen errores de cálculo. El informe revela que el traslado de vehículos hasta el punto de recarga más próximo sigue siendo una de las razones habituales por las que se llama a la asistencia.
Quedarse sin energía no es una avería del motor, pero el resultado es el mismo: te quedas parado en el arcén esperando a que llegue una grúa. Esto nos indica que todavía hay una brecha entre la tecnología del coche y la infraestructura de carga, y también una falta de costumbre por parte del usuario a la hora de gestionar los consumos en condiciones reales de tráfico o frío extremo. Es un proceso de aprendizaje que todos los países están atravesando a medida que abandonan los combustibles fósiles.
Los híbridos enchufables tampoco se libran de las visitas al taller

Los vehículos híbridos enchufables también han visto cómo sus solicitudes de asistencia aumentaban un 13% en el último año, llegando a casi 60.000 llamadas. Estos coches son máquinas complejas porque combinan lo mejor y lo peor de los dos mundos. Tienen todos los componentes de un coche térmico y toda la electrónica de un coche eléctrico.
Esa complejidad técnica se traduce en más puntos posibles de fallo. Tienen que gestionar la temperatura de dos sistemas diferentes, llevar un control muy preciso de cuándo entra cada motor y, por supuesto, también dependen de la famosa batería de 12 voltios. Al final, el usuario de un híbrido enchufable tiene que estar pendiente del mantenimiento de un motor de combustión tradicional y, al mismo tiempo, cuidar el sistema eléctrico para que el coche sea eficiente y no le dé sustos.
Lo que nos enseñan estas cifras es que la transición hacia una movilidad más limpia no está libre de obstáculos. No se trata solo de cambiar un depósito de gasolina por una batería, sino de adaptar toda una industria de servicios y mantenimiento a una nueva realidad. Los mecánicos de asistencia en carretera en Alemania han tenido que ampliar sus plantillas para poder dar respuesta a este nuevo escenario, incorporando cientos de nuevos trabajadores y vehículos especializados para tratar con sistemas de alta tensión de forma segura.
El hecho de que las averías suban no debe asustarte, sino servirte para ser un conductor más consciente. La tecnología eléctrica es fiable, pero no es mágica. Hay que entender cómo funciona y cuáles son sus límites. Alemania está siendo el laboratorio de pruebas de toda Europa y sus datos nos ayudan a entender que, a medida que estos coches cumplen años, necesitan los mismos cuidados y mimos que cualquier otro vehículo.

