Conducir en invierno impone respeto, pero hacerlo sobre hielo directamente da miedo. Basta una noche de heladas para que una carretera aparentemente normal se convierta en una pista traicionera donde cualquier error se paga caro. Muchos conductores, incluso con años de experiencia, reconocen que no saben cómo reaccionar cuando el coche empieza a deslizarse o cuando el pedal del freno deja de responder como esperan.
María tiene 39 años y es profesora de autoescuela desde hace más de una década. Ha visto de todo: alumnos nerviosos, conductores veteranos que desaprenden con los años y errores que se repiten una y otra vez cuando aparece el hielo. Su mensaje es claro y directo: el problema no es tanto el hielo en sí, sino cómo frenamos sobre él. Y la buena noticia es que, si se hace bien, el riesgo se reduce muchísimo.
5La importancia de la velocidad y la distancia
Más allá de la técnica de frenado, María subraya dos factores clave: velocidad y distancia de seguridad. En hielo, la distancia de frenado puede multiplicarse por cinco o incluso más. Circular más despacio no es ir “lento”, es adaptarse a la realidad del asfalto.
Mantener una distancia amplia con el vehículo de delante da margen para frenar de forma progresiva. Muchos accidentes en invierno no se producen por ir rápido, sino por no dejar espacio suficiente para reaccionar cuando aparece una placa de hielo inesperada. El hielo no perdona errores, pero tampoco es una condena inevitable. Como explica María, la diferencia entre un susto y un trayecto seguro está en cómo se frena y en cómo se anticipa cada maniobra.








