Durante décadas, las autovías españolas han sido sinónimo de fluidez, seguridad y velocidades estables. Los 120 km/h se consolidaron como una referencia casi intocable para millones de conductores que entendían este límite como un equilibrio razonable entre rapidez y control. Sin embargo, en los últimos años, el debate sobre la velocidad máxima en este tipo de vías ha vuelto a la primera línea, impulsado por argumentos que van mucho más allá de la siniestralidad.
En este nuevo escenario, la DGT parece haber encontrado un argumento difícil de rebatir: el estado del asfalto. Un factor técnico, aparentemente objetivo, que podría convertirse en la llave maestra para justificar una reducción generalizada del límite de velocidad en autovías hasta los 100 km/h, sin necesidad de modificar la normativa de forma explícita y global.
2Una red viaria envejecida y con mantenimiento desigual
España cuenta con una de las redes de autovías más extensas de Europa, pero también con una de las más envejecidas. Muchas de estas infraestructuras se construyeron entre los años 80 y 90, y aunque han recibido actuaciones puntuales, no todas han sido objeto de una renovación integral del asfalto.
El resultado es una red muy heterogénea, en la que conviven tramos en excelente estado con otros claramente degradados. Para la DGT, esta desigualdad abre la puerta a una gestión de la velocidad más restrictiva, respaldada por informes técnicos que avalan la necesidad de reducir el límite máximo por razones de seguridad objetiva.


