El coche eléctrico ya no es una rareza ni está reservado a unos pocos pioneros; forma parte del escaparate habitual de cualquier concesionario y de las conversaciones de muchos conductores que se plantean cambiar de vehículo. Sin embargo, el debate sigue siendo el mismo: más allá de la sostenibilidad y la etiqueta cero, ¿realmente compensa desde el punto de vista económico apostar por un eléctrico?
La respuesta no es tan simple como un sí o un no. Depende de muchos factores, como cuánto conduces, dónde cargas, qué coche comparas y durante cuánto tiempo lo mantienes. Para saber si el coche eléctrico supone un ahorro real hay que ir más allá de su precio de compra y analizar todos los costes asociados a su uso diario. Solo así se pueden hacer las cuentas con rigor.
1Consumo y coste de la energía
Uno de los argumentos más sólidos a favor del coche eléctrico es el coste de uso diario. Por regla general, la electricidad es más barata que los combustibles tradicionales, si se analiza el coste por kilómetro recorrido. Un eléctrico medio consume entre 15 y 20 kWh cada 100 km, lo que, con las tarifas domésticas adecuadas, se traduce en un gasto muy contenido.
Si se compara con un coche de gasolina o diésel, la diferencia es clara. Mientras que recorrer 100 kilómetros con combustible puede costar fácilmente entre 8 y 12 €, hacerlo con un eléctrico cargado en casa puede quedarse en apenas 2 o 3 €. A lo largo de un año, especialmente si se recorren más de 15.000 km, ese ahorro en energía se convierte en uno de los pilares económicos del vehículo eléctrico.

