Seguro que más de una vez te has quedado mirando cómo baja la aguja del depósito más rápido de lo que te gustaría. En ese momento, lo primero que piensas es en cuánto cuesta el combustible, y en qué más puedes hacer para ahorrar gasolina. Pero hay un detalle que muchas veces se deja de lado, y que tiene mucho más que ver de lo que parece.
Se trata de los neumáticos, esos grandes olvidados que solo solemos mirar cuando toca pasar la ITV o cuando vemos que han perdido dibujo. Pero si no están en condiciones o no son las adecuadas para tu tipo de conducción, estás tirando el dinero por el tubo de escape.
El esfuerzo que impide ahorrar gasolina

Para entender por qué gastas más de la cuenta, tienes que conocer un concepto que los mecánicos llaman resistencia a la rodadura. Cuanto mayor es la resistencia que ofrecen las ruedas al girar, más fuerza tiene que hacer el motor para que el coche avance.
Y en el mundo de la mecánica, más fuerza siempre significa gastar más en combustible. Hay neumáticos que, por su diseño o por los materiales con los que están fabricados, se agarran tanto al suelo que generan un lastre innecesario si lo único que haces es circular por autovía o por ciudad. Es un equilibrio delicado: quieres seguridad y agarre, pero no quieres que el coche sienta que está arrastrando una pared.
Muchos conductores eligen neumáticos con dibujos muy gruesos y profundos porque les da una sensación de mayor robustez o porque quedan mejor en ciertos modelos de coches. Estos neumáticos están diseñados para sujetarse al barro, la arena o la piedra suelta. Son fantásticos si vives en una zona rural y te metes por caminos complicados a diario. Pero si tu rutina es ir al trabajo por una carretera asfaltada, esos dibujos tan marcados se convierten en tu peor enemigo a la hora de ahorrar gasolina.
El peso de las ruedas grandes

Existe una tendencia de que cuanto más grande sea la llanta y el neumático, más deportivo y bonito parece el coche. Sin embargo, desde el punto de vista de la eficiencia, esto es un error común que poca gente te cuenta en el concesionario. Las ruedas grandes pesan más. No es solo una cuestión de volumen, sino de masa que el motor tiene que poner en movimiento cada vez que el semáforo se pone en verde.
Cuando llevas unas ruedas sobredimensionadas, estás obligando al motor a realizar un esfuerzo mucho mayor. Los ingenieros de coches deportivos se vuelven locos intentando quitar gramos de aquí y de allá para mejorar el rendimiento. Quitan piezas innecesarias y usan materiales caros para que el vehículo sea ligero. Si tú luego le pones unos neumáticos más grandes de lo que el coche necesita por diseño, estás anulando todo ese trabajo de ingeniería y condenando a tu coche a consumir medio litro o un litro más cada cien kilómetros sin necesidad.
Otro gran secreto para ahorrar gasolina sin gastar un solo euro es ir a la gasolinera y comprobar la presión de tus neumáticos. Es algo que puedes hacer tú mismo y que apenas te quitará cinco minutos. Un neumático con la presión baja es como una goma de borrar que se aplasta contra el suelo. Aumenta la superficie de contacto de forma irregular, y hace que el coche avance con mucha dificultad.
Circular con las ruedas flojas es una de las formas más rápidas de arruinar tu media de consumo. El coche se vuelve más torpe, le cuesta más ganar velocidad y, sobre todo, mantienes el motor bajo una carga constante que no debería estar ahí. Además, no solo gastas más gasolina, sino que los neumáticos se desgastan mucho antes y de forma desigual, por lo que tendrás que cambiarlos mucho antes de lo previsto. Es un gasto doble que podrías evitar vigilando que tengan el aire correcto una vez al mes.
Cómo elegir el neumático ideal para tu coche (y tu bolsillo)

Cuando llegue el momento de cambiar las gomas, no te dejes llevar solo por el precio más bajo o por la marca que más te suene. Tienes que mirar la etiqueta europea que viene pegada en todos los neumáticos nuevos. Ahí verás una letra que indica la eficiencia de combustible. Esa letra no está ahí de adorno. Un neumático de clase A frente a uno de clase E puede suponer una diferencia de ahorro muy notable a lo largo de la vida útil de la rueda.
Lo ideal es encontrar el equilibrio. No necesitas el neumático de competición más caro, pero tampoco el más barato que encuentres en una oferta. Busca un neumático que esté diseñado para la eficiencia y para el tipo de vías por las que circulas habitualmente. Si haces mucha autovía, busca neumáticos de baja resistencia a la rodadura. Tu coche lo agradecerá moviéndose con más soltura y tú lo notarás cuando veas que los kilómetros pasan y la aguja de la gasolina baja mucho más despacio.
Incluso si llevas los mejores neumáticos del mundo, de nada servirá si tu forma de conducir es agresiva. Sin embargo, unos buenos neumáticos te ayudan a practicar la conducción eficiente de forma más sencilla. Cuando levantas el pie del acelerador y dejas que el coche ruede por su propia inercia, un neumático de baja resistencia te permitirá avanzar muchos más metros sin perder velocidad que uno inadecuado.
Aprende a leer la carretera y a confiar en la inercia de tu vehículo. Si ves un semáforo en rojo a lo lejos, no sigas acelerando para frenar en el último momento. Deja que el coche ruede. Si tus neumáticos están bien inflados y son los correctos, te sorprenderá la distancia que puedes recorrer sin gastar ni una gota de combustible. De verdad podrás ahorrar gasolina, y eso ahora mismo es fundamental..

