Circular por una carretera en mal estado no solo es incómodo: también puede acabar saliendo muy caro. Un bache profundo, una tapa de alcantarilla mal asentada o un asfalto cuarteado pueden provocar desde un simple pinchazo hasta un grave accidente con consecuencias materiales —y personales— importantes. Y lo peor es que, en muchas ocasiones, estos peligros aparecen sin señalizar y sin margen de reacción para el conductor.
En España, un país con extensa red viaria, el mantenimiento de las carreteras es una asignatura pendiente. Los informes de la Asociación Española de la Carretera llevan años alertando del deterioro del asfalto, la señalización deficiente y la falta de iluminación. Ante este panorama, surge una duda clave para los conductores: si el coche resulta dañado por el mal estado de la vía, ¿a quién se puede reclamar y qué opciones reales hay?
1El mal estado de la carretera: un riesgo para todos
El deterioro del firme no es solo una cuestión estética. Afecta directamente a la seguridad vial y al desgaste prematuro de elementos clave del vehículo, como neumáticos, llantas, suspensiones o dirección. Un impacto seco contra un bache puede generar un reventón inmediato o una avería que no se manifiesta hasta días después, cuando ya es difícil relacionarla con el accidente original.
Además, el riesgo no se limita al daño material. Un volantazo inesperado al esquivar un socavón o la pérdida de control tras un pinchazo pueden desencadenar un accidente con otros vehículos o salidas de la vía. En estos casos, el debate sobre la responsabilidad se vuelve aún más relevante, porque entran en juego daños personales y posibles indemnizaciones.

