Recorrer las carreteras noruegas en un coche eléctrico no es solo una experiencia de conducción, es adentrarse en el futuro de la movilidad. Es pasar de los ‘dolores de cabeza’ que genera un viaje en España a la inmensa tranquilidad de recorrer un país que lleva años preparándose -y ya viviendo a tope- la nueva manera de circular. Y si ese recorrido se realiza con el Polestar 4 Single Motor Long Range, el viaje se convierte en una lección sobre cómo la tecnología sueca y la visión noruega han creado el ecosistema de movilidad eléctrica más avanzado del mundo.
Hay curiosidad al preparar el viaje más allá de qué sitios visitar, de dónde comer, dormir o parar a tomar fotos. En cualquier viaje en un eléctrico por España gran parte de la preparación se hubiera dedicado a localizar puntos de carga, especialmente los más rápidos para evitar esperas excesivas en la carga. Pero siendo Noruega el destino ese capítulo se hace mucho más leve. Basta con ver la web con el mapa de cargadores para descubrir que encontraremos un punto de carga ideal en cada sitio donde decidamos parar.

Si a eso se unen las facilidades del sistema operativo -desarrollado en colaboración con Google- del Polestar 4, la ansiedad por la carga, que es uno de los grandes inconvenientes que los consumidores ven en el coche eléctrico, se acaba de un plumazo. Y a partir de ahí empieza el disfrute de un auténtico paraíso de la naturaleza; no solo de la movilidad eléctrica. En ese viaje el Polestar 4 Single Motor Long Range se presenta como el compañero ideal para explorar Noruega. Este SUV coupé eléctrico combina la aerodinámica de un cupé con la espaciosidad de un SUV y la tecnología más avanzada para la era eléctrica.
Un escenario natural apabullante
Viajar por Noruega es adentrarse en un escenario natural que parece diseñado para un cuento nórdico: montañas que se reflejan en lagos cristalinos, fiordos que se abren paso entre paredes de roca y carreteras que se deslizan como serpientes entre bosques interminables. Pero hacerlo al volante del Polestar 4 Single Motor Long Range transforma ese recorrido en algo más que turismo: se convierte en una lección práctica de cómo el futuro de la movilidad ya es presente en este rincón de Europa.

Noruega es hoy el país donde los eléctricos no son una promesa, sino la norma. Más del 97% de los vehículos nuevos matriculados son eléctricos o híbridos enchufables, una cifra que ningún otro país se ha acercado a igualar. Cuando recorres el país entiendes rápidamente por qué. Aunque, para empezar, una anécdota que ilustra el grado de avance de la electrificación. El primer día, en Oslo, en un parking al lado del hotel aprovechamos para cargar el coche; eran cargadores lentos, de 3,7 kW, pero durante la noche llenarían la batería de nuestro coche.
La sorpresa vino al ver que los 20 o 25 cargadores estaban vacíos y en un estado de semiabandono. No pudimos cargar. Claro que la solución vino inmediatamente, al buscar otro punto de carga y descubrir, al lado de la Opera una estación con 10 cargadores de 400 kW en los que en pocos minutos completamos la operación. La moraleja: en Noruega ya tienen superada una tecnología ‘obsoleta’ como los puntos de carga lenta. Aprendizajes de años de experiencia.

De Oslo a los Fiordos; la autonomía da tranquilidad
El viaje comienza en Oslo, una capital que combina arquitectura moderna con respeto absoluto por la naturaleza que la rodea. La ciudad está salpicada de cargadores eléctricos en cada distrito y las calles, sorprendentemente silenciosas, transmiten esa sensación de futuro limpio por la que apuesta el país.
Desde aquí, la ruta nos lleva hasta Leikanger, a orillas del majestuoso Sognefjord, también conocido como el Fiordo de los Sueños. Son casi 350 kilómetros de viaje en los que el Polestar 4, con su batería de más de 100 kWh y una autonomía de hasta 620 km WLTP, demuestra una comodidad tremenda, una suavidad de marcha sobresaliente… un gran turismo eléctrico pensado para hacer kilómetros y kilómetro..

Una parada ‘en mitad de la nada’ en la que nos encontramos una estación con 25 puntos de Tesla y 8 de otra compañía, todos ellos por encima de los 300 kW, nos permite tomar un café, estirar las piernas y seguir camino. No hemos medido el tiempo, porque no hay prisa en llegar a destino; estamos disfrutando de unos paisajes extraordinarios. Cascadas, glaciares, bosque, carreteras de montaña.
No hay ansiedad por la carga, rodamos con serenidad, aprovechando cada descenso para regenerar energía y cada ascenso para demostrar la respuesta instantánea de sus 272 CV. Y disfrutamos de un paisaje que acompaña. Las carreteras se estrechan junto a cascadas que caen con furia desde las montañas, mientras túneles excavados en la roca recuerdan la tenacidad de un país que aprendió a convivir con su geografía extrema. El silencio de marcha del Polestar permite escuchar incluso el murmullo del agua al romper contra las paredes del fiordo.

Bergen y Stavanger, las siguientes paradas
Las siguentes etapas nos lleva a Bergen, la ciudad de las siete montañas, un enclave histórico rodeado de fiordos y reconocido por su puerto pesquero Patrimonio de la Humanidad. La llegada, tras serpentear carreteras rurales, revela otra virtud del Polestar 4: su bajo centro de gravedad y el chasis firme, que le otorgan un aplomo excepcional en curvas cerradas. Incluso con lluvia —una compañera habitual en la costa oeste noruega—, el coche transmite confianza gracias a la gestión electrónica de la tracción.
Desde Bergen, la ruta se prolonga hacia Stavanger, donde los paisajes de acantilados y mar abierto acompañan cada kilómetro. Stavanger es el punto de partida para uno de los grandes atractivos turísticos de Noruega, el fiordo Lysejord y su famoso púlpito, una roca a 600 metros de altura que ofrece una panorámica única de la zona. En el camino hacia esta localidad, el Polestar 4 aprovecha para regenerar energía en descensos prolongados. Cada curva y frenada devuelven kilómetros a la batería, confirmando que la autonomía homologada es más que suficiente para una aventura de este tipo.

Más de 1.500 kilómetros sin ansiedad
El tramo hacia Kristiansand, en el extremo sur, sirve para comprobar lo que hace único a Noruega: una infraestructura de carga pionera que ha crecido de la mano de la demanda. Estaciones Ionity de 350 kW, supercargadores de Tesla abiertos a todas las marcas y cargadores de 50 kW incluso en pequeños pueblos de montaña aseguran que siempre haya una opción disponible.
El viaje fluye, sin necesidad de planificaciones obsesivas: basta una breve parada para cargar lo suficiente y continuar disfrutando del camino. El regreso a Oslo cierra un recorrido de más de 1.500 kilómetros, donde cada etapa confirma que Noruega es el entorno perfecto para un eléctrico. En todo el recorrido no hemos tenido que esperar ni un minuto porque hubiera cargadores ocupados; ni puntos de carga estropeados. Ni, por supuesto, coches de combustión bloqueando el acceso al punto de carga.
Todos esos inconvenientes que aquí nos dan quebraderos de cabeza en el país nórdico están superados y todo son facilidades, con detalles tan sencillos como los carteles que anuncian en la carretera los puntos de carga, algo que está empezando ahora en España y que, sin duda, ayudará mucho a un camino hacia la movilidad eléctrica que en Noruega ya tienen recorrido.

El secreto del milagro eléctrico noruego
El éxito noruego en movilidad eléctrica requiere mirar más allá de las cifras. El país supo trazar una estrategia coherente y constante durante más de tres décadas, donde política, economía e infraestructura caminaron de la mano. Una política que podría definirse como de ‘palo y zanahori’. Por un lado se incentivaban los coches limpios y por otro, se penalizaban los de combustión.
Así, durante años ha habido exención del IVA (25%) en la compra de eléctricos; Impuesto de matriculación cero, peajes gratuitos o reducidos para eléctricos en autopistas y túneles, aparcamiento gratuito en muchas ciudades, con plazas reservadas, acceso a carriles bus/VIP, reduciendo los tiempos de trayecto diario. Estos beneficios hicieron que comprar un eléctrico no fuera solo un gesto ecológico, sino la opción más lógica y económica.

En el lado contrario, las penalizaciones a los combustibles fósiles llevaron a unos altos impuestos para diésel y gasolina, como que pagaran el IVA completo del 25% en todos los coches de combustión o un impuesto de matriculación ligado a CO₂, que encarece los modelos más contaminantes.
Esos primeros pasos, mantenidos en el tiempo hicieron que los consumidores asumieran poco a poco, con naturalidad, que un eléctrico es la alternativa ideal. El éxito ha sido tal que el país ya comienza a retirar incentivos. Desde 2023, los eléctricos más caros y premium pagan IVA, y poco a poco se igualarán las condiciones con los de combustión. Pero la transición ya está consolidada: la mayoría de noruegos no concibe volver atrás.

Una infraestructura pensada para futuro
Otro pilar clave ha sido la anticipación en la infraestructura. Noruega invirtió en cargadores cuando la cuota de eléctricos aún era marginal. Hoy la red cubre incluso pueblos remotos y con puntos de gran capacidad. En muchos casos, pueblos más pequeños que cualquiera de los de la España vaciada, pero que tienen una infraestructura capaz de dar respuesta a las necesidades de cualquier conductor eléctrico.
Después del viaje, todas las dudas y todas las inquietudes han quedado atrás. Conducir por Noruega es entender que la movilidad eléctrica no es un experimento, sino una realidad consolidada. Cada kilómetro por fiordos, túneles y carreteras costeras confirma lo mismo: el eléctrico es una alternativa de lo más interesante. Más silencioso, más económico y perfectamente integrado en un entorno que potencia y ayuda al uso de los eléctricos.

Y ahí, en ese entorno, el Polestar 4 Single Motor Long Range, con sus 272 CV y hasta 620 km de autonomía ha demostrados todas sus virtudes, y nos ha servido de llave para descubrir un país que ya vive en el futuro de la movilidad. Entre esas virtudes, ha destacado un consumo excelente aprovechando la orografía del país, hemos cubierto las etapas del viaje con un gasto medio de 17,8 kWh/100 km. Una cifra que habla muy bien de la gestión energética del coche.
Imágenes ruta por Noruega con el Polestar 4
Fotos: Motor16










































