El Bugatti Veyron merece indudablemente un capítulo destacado en la historia del automóvil. Y lo merece por cómo marcó una época e influyó en lo que vendría después. El Bugatti Veyron fue el primer “hiperdeportivo” de la historia, una obra maestra que redefinió lo que se creía posible y estableció nuevas referencias para lo que vendría después.
En esta ocasión, no vamos a volver a contar la historia de su concepción ni a hablar de sus habituales protagonistas, de Ferdinand Piëch (el ideólogo de toda esta locura), de Franz-Josef Paefgen (el responsable de su desarrollo), de Hartmut Warkuß y Jozef Kabaň (los encargados del diseño) o incluso de Pierre Henri Raphanel (el mediático piloto probador oficial de la marca francesa). Y no vamos a hablar de Raphanel porque, sencillamente, fichó por la marca francesa en 2006, mucho después de que un menos conocido Loris Bicocchi fuera el primer mortal encargado de superar los 400 km/h con el prototipo del Bugatti Veyron.
Veinte años después de su lanzamiento, el Bugatti Veyron es un hito indiscutible en la historia del automóvil. Para el hombre al que se confió explorar sus límites desde los primeros prototipos, la experiencia resulta tan vívida hoy como al inicio del proyecto. Bicocchi se enfrentó entonces a algo completamente nuevo, una máquina que no podía medirse con ningún automóvil de producción jamás desarrollado con anterioridad.
De los 492 CV del EB110 a los 1.001 CV del Bugatti Veyron
No era la primera vez que Bicocchi colaboraba con la marca de Molsheim. Entre 1990 y 1995 participó en el programa de pruebas del sensacional EB110 GT y su evolución EB110 SS, por lo que el especialista italiano estaba bien acostumbrado a las cotas de rendimiento que podían alcanzar los superdeportivos de Bugatti con tracción total. El EB110 SS desarrollaba 611 CV (450 kW) y alcanzaba 351 km/h, cifras extraordinarias para su época.

Pero cuando recibió una llamada en 2001 preguntándole si estaba disponible para trabajar en un nuevo proyecto de Bugatti, aún no sabía lo que le esperaba. “Todos los aficionados habíamos oído rumores sobre el Veyron. 1.001 caballos, más de 400 kilómetros por hora, dieciséis cilindros… dieciséis. ¿Te lo imaginas? Incluso hoy, cuando lo digo, todavía se me pone la piel de gallina”, recuerda Bicocchi.
Su primera toma de contacto con el coche tuvo lugar en el circuito de pruebas de Michelin en Ladoux, Clermont-Ferrand, Francia, al volante de un prototipo rojo y negro. La anticipación se transformó rápidamente en emoción. “Estaba tan emocionado que ni siquiera pude esperar a las pruebas oficiales del lunes por la mañana”, recuerda Bicocchi, quien explica: “Fui el domingo, cuando entregaron el coche, y me senté dentro. Cuando los ingenieros llegaron al día siguiente, estaba completamente concentrado en transmitir mis primeras impresiones. Dicho simplemente, todos quedamos asombrados por lo que el coche ya estaba demostrando”.
Un territorio inexplorado para el Bugatti Veyron
En aquel momento, el Bugatti Veyron ofrecía el doble de potencia que cualquier otro automóvil de producción. Incluso para un piloto con experiencia en los superdeportivos más avanzados, no había punto de referencia. “No sabía qué esperar. No me atrevía a acelerar a fondo. Era tan impresionante… una locura, casi inexplicable. Inmediatamente comprendías lo que representaba este coche”.
Probar el Veyron significaba adentrarse en territorio desconocido. Con velocidades superiores a 400 km/h, las reglas que gobiernan la aerodinámica, la estabilidad y la frenada cambian por completo. “A partir de 300 o 320 kilómetros por hora, todo cambia. Especialmente la aerodinámica. Cada detalle cuenta. Tuve que resetear todas las referencias que había construido durante mi carrera, porque el Bugatti Veyron simplemente no era comparable a nada que hubiera conducido antes”, explica el piloto italiano.

Más allá del desafío técnico, existía otra ambición definitoria: el Bugatti Veyron se concibió como un hiperdeportivo que tenía que poder ser conducido por cualquier aficionado de forma segura y sencilla, bajo cualquier condición. “Fue una enorme responsabilidad, tanto para mí como para la marca. Teníamos que crear un coche increíble, sí, pero uno que pudiera ser conducido por cualquiera, no solo por pilotos profesionales. Fue un trabajo de equipo real, una fuerza de combate de 360 grados con expertos, y todos aprendimos juntos mientras nos disponíamos a hacer historia. Eso fue increíble”, recuerda Bicocchi.
El peso emocional de resucitar una leyenda
Para Bicocchi, el peso emocional del proyecto era inseparable de la historia de Bugatti. El Bugatti Veyron representaba el renacimiento de una marca sin parangón. Durante los largos períodos de viaje entre ubicaciones de pruebas alrededor del mundo, se sumergió de nuevo en la historia de Ettore Bugatti, dedicando tiempo a cultivar una comprensión profunda de la marca, la visión de Ettore en 1909 y lo que hace que su legado sea tan inimitablemente rico.
Un momento, en particular, permanece grabado en su memoria: realizar pruebas de alta velocidad en Ehra-Lessien. “Recuerdo que me pidieron acelerar completamente y luego aplicar la frenada a fondo a más de 400 kilómetros por hora. Era increíblemente estresante y emocionante al mismo tiempo. Cuando logras tu objetivo y todo el equipo viene hacia ti, realmente sientes que eres parte de una familia y parte de la historia”, rememora Bicocchi.
Hoy, más de veinte años después, la emoción no se ha desvanecido, y el recuerdo de aquella época encaja con una cualidad intrínseca de Bugatti: la atemporalidad. “Un Bugatti es y debe permanecer atemporal. Cuando miras el diseño, las líneas y la emoción que crean, te das cuenta de que no están vinculadas a una sola era. Eso es lo que hace a Bugatti tan especial”, sentencia el piloto de pruebas de Sant’Agata Bolognese tras toda una carrera profesional a los mandos de los prototipos de Lamborghini, la Bugatti de Romano Artioli y la “nueva” Bugatti nacida con el Veyron.

Y mientras Bugatti continúa dando forma al futuro de los hiperdeportivos, el Veyron se erige como un logro singular: el representante de un momento en que lo imposible se convirtió en realidad y convirtió a aquel automóvil en algo que pervive como incomparable, tanto por su rendimiento como por la profunda emoción que continúa evocando en todo el mundo.
Las claves de Loris Bicocchi y el Bugatti Veyron
- El Bugatti Veyron fue el primer hiperdeportivo de la historia.
- Desarrollaba 1.001 CV y más de 400 km/h de velocidad máxima
- Loris Bicocchi probó los prototipos desde 2001 en circuitos como Ladoux y Ehra-Lessien
- Duplicaba la potencia de cualquier otro automóvil de producción de su época
- Diseñado para ser conducido por cualquier persona, no sólo pilotos profesionales
- El Veyron representó el renacimiento de Bugatti
- Su diseño atemporal sigue siendo referencia dos décadas después de su lanzamiento














