155 - Salón de París 1986: La capital del automóvil

155

Salón de París 1986: La capital del automóvil

11 de Octubre de 1986

El número de la semana daba un repaso al Salón de París, una muestra que en el país vecino siempre se ha conocido como el 'Mondial de l'Automobile'. En esta ocasión, una vez más la ciudad se convertía en la capital mundial del automóvil y mostraba la incesante actividad de una industria que mostraba algunos interesantes prototipos.
Descargar revista

Verdaderamente la historia se repite, pues hace ahora 25 años Iacocca, presidente de Chrysler, negociaba con el de Fiat, Agnelli.
En el Salón de París se exhibían los consabidos prototipos, anunciadores de novedades y tendencias, como el Citroën Xantia, el MATRA P 29, el Ford Gilda o el Peugeot Próxima, que se alineaban con los nuevos R 21 Nevada, el Honda Accord, el Seat Ibiza de 5 puertas, el Nissan Sunny, el Citroën AX Sport o la réplica en venta del aparatoso Cadillac de Reagan.
El coche probado era el Rover 825 i Sterling (4.350.000 pesetas y 173 CV), un Honda al gusto inglés, una berlina lujosa y cuidada que podía rivalizar con un Lancia Thema o un BMW 5. Destacaba el 825 por su comportamiento y confort, por sus prestaciones y consumos, así como por su equipo y presentación, si bien su maletero resultaba escaso, su asiento posterior no era abatible y a bajo régimen su potencia resultaba escasa. El otro coche probado era un coche distinto, bello y con personalidad, un  automóvil con 'bella estampa', rival del Volkswagen Siroco: el coupé Volvo 480 ES (3.100.000 pesetas y 109 CV), un original deportivo de 4 plazas en el cual la presentación y el equipo eran sus activos mayores, así como sus 4 plazas y su consumo muy bajo. A pesar de su apariencia deportiva, la velocidad máxima de 186,2 km/h era escasa, la suspensión resultaba blanda y el eje trasero, rígido, delataba su presencia.
La prueba comparativa enfrentaba a 4 berlinas de 2 litros, ofreciendo prestaciones y presencia, que iban del veterano Ford Sierra 2.0 i (2.412.316 pesetas y 115 CV) a los más nuevos Ford Scorpio 2.0 i (2.899.071 pesetas y 115 CV), Renault 25 GTX (2.955.795 pesetas y 123 CV) y Fiat Croma 2.0 IE(2.622.900 pesetas y 120 CV).
Era obvio que quien antepusiera el precio se decantaría por el Sierra, cuyo acabado, posición de conducción y dirección eran sus activos, no así los largos recorridos de su palanca de cambios o sus excesivos desarrollos y su suspensión blanda.
No obstante la homogeneidad del Scorpio era valorable, destacando su confort de marcha, su habitabilidad y sus frenos con ABS de serie, aunque su motor ruidoso, sus balanceos de carrocería y sus desarrollos largos no eran para presumir.
El exitoso R 25 GTX acreditaba amplitud, comportamiento y prestaciones (196,4 km/h de velocidad máxima y los 1.000 metros desde parado en 31,8 segundos), bazas contrarrestadas por los ruidos de los frenos, la mala ventilación del habitáculo y los silbidos aerodinámicos.
En cuanto al Croma, sus virtudes radicaban en su comportamiento, consumo (7,5 litros cada 100 km a 120 km/h) y habitabilidad, refiriéndose sus defectos a las vibraciones de su salpicadero, al mando de sus puertas y a su motor ruidoso.
Otra prueba era la de un insólito deportivo, el BMW 324 TD 4x4 de Arnella, un motor diésel de un 524 td llevado a 173 CV e instalado en la caja de un 325 ix, coche que había que conducir cambiando lo mínimo y en marchas largas para aprovecharlo entre las 2.500 y las 4.000 vueltas.
En cuanto al Lancia Stratos, después de 180 victorias y 62 rallys ganados entre 1972 y 1982, era evocado con los honores correspondientes, dada una concentración en la había figurado muchos ejemplares aún vivos, 68.
Xavier Domingo se refería a una batalla olímpica, la de Barcelona contra París como ciudad olímpica, batalla de cuya victoria se temía entonces.