Pensamientos al volante
SEMANA SANTA

Pensamientos al volante

No tiene sentido circular por autovías y autopistas con criterios de velocidad de los años 70 cuando la mayoría de accidentes son en vías convencionales.

Ángel Carchenilla

Ángel Carchenilla

31 de Marzo 2015 09:15

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Henos aquí, en un ir y venir propio de estos días de asueto motivados por la semana Santa y pensando en el absurdo que supone estar conduciendo por autovías y autopistas con una limitación de 120 kilómetros por hora. No tiene ningún sentido circular por estas vías de entre dos y cuatro carriles, con buena visibilidad, poco tráfico y una señalización de carísimos paneles infrautilizados, para terminar rodando con criterios de finales de los 70.

Es como si los numerosos avances en seguridad de los automóviles actuales que curiosamente son los que más circulan por estas vías, no se valorasen como corresponde. De ahí el razonamiento caduco de algunos, según el cual, y ante tan rancio panorama, no encuentran necesario cambiar de coche, ni utilizar unos caros peajes en los que te 'fríen' a multas en las rectas. Proclaman que todo es un continuo sacacuartos y por ahorrar unos euros de sus apretados bolsillos, restan transcendencia a la seguridad, cuando es lo más importante.

Y los accidentes, en las vías convencionales

Lo inaudito de la cuestión es que según las estadísticas de la Dirección General de Tráfico, los accidentes con víctimas por velocidad no llegan al 1,5 por ciento y se producen en la mayoría de los casos en carreteras de doble sentido y no en autopistas. Por eso es difícil de entender la cerrazón de no incentivar los peajes con precios más populares y elevar el límite de velocidad en zonas determinadas a 130 km/h. Máxime cuando la tozuda realidad precisa un crecimiento del 16 por ciento de fallecidos en accidentes, respecto al mismo periodo del año pasado.

Además, pone de relieve que nueve de cada 10 víctimas se producen en las maltratadas carreteras secundarias. Por eso es de lógica el traslado de un buen número de radares a estas vías, como también lo es aprovechar las posibles reformas del Reglamento General de Circulación para bajar los límites en determinados tramos. Ahora bien, nada de esto tendrá resultados definitivos si no se soluciona el abandono sufrido por estas carreteras como producto de la crisis. Lo cierto es que cuanto más lo pienso, menos entiendo que mientras el Ministerio de Fomento está dispuesto a poner 4.500 millones de euros para salvar unas radiales que nadie utiliza, no sea posible tomar medidas para poner al día unas vías tan deterioradas y faltas de conservación

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