Algo se me escapa
EL PAPEL DE ESPAÑA EN LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA

Algo se me escapa

El papel de España en la transición energética a la que nos enfrentamos y el afán de liderazgo que transmite el Gobierno en funciones, no debe poner en riesgo la futura competitividad de nuestros productos y servicios.

Teófilo de Luis Rodríguez

7 de Diciembre 2019 09:59

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Recientemente el Parlamento Europeo declaró que Europa está en emergencia climática y la nueva Presidenta de la Comisión estableció como uno de los ejes fundamentales de su futura gestión la lucha contra el cambio climático.

Los medios de comunicación de toda índole transmiten informaciones sobre el deshielo en los polos, los incendios devastadores en amplías zonas del planeta, la concentración de plásticos en los mares y el riesgo para la salud como consecuencia del aire que respiramos.

En Europa, en Bruselas, animados por parte de los Grupos Políticos que apoyan a la recién nombrada Comisión, pretenden aumentar su compromiso para el 2030 con mayores exigencias para la reducción de emisiones contaminantes.

Esta situación, que se extiende por todo el continente, se produce en un momento en donde los Organismos Internacionales advierten de una ralentización del crecimiento de las economías desarrolladas y, a la par, producto de la evolución de la sociedad, una creciente tensión para sostener el estado de bienestar por el incremento del gasto social. De esta realidad España no es ajena y son muchos los que la observan con preocupación.

Es innegable que a todos compete garantizar las mejores condiciones del planeta para las generaciones futuras y que en ciertos momentos el desarrollo podría producir efectos no deseados a la sociedad, pero, con datos en la mano, hay cosas que se escapan en un análisis lógico.

Según ciertos informes de completa solvencia, China, USA e India están muy destacadas como emisores de CO2. En el 2017, en el conjunto del mundo, la Unión Europea emitió el 9% y España el 1%.

Para el año 2030, el compromiso de la Unión Europea es llegar a una reducción del 40% de emisiones de CO2 tomando como base 1990, y en este sentido hay que saber que, aún cuando España tuvo fuerte incremento de emisiones en periodo de crecimiento, a partir del 2005 inicia un camino descendente notable, aproximándonos con cierta comodidad a otros países de nuestro entorno.

Eje prioritario para el próximo Gobierno

Aún así, parece que, con una influencia desmesurada, ciertos responsables políticos y ciertos partidos en nuestro país quieren que España lidere la transición energética para una generación más limpia y un consumo más responsable, actuando de motor y ejemplo para el resto de los países europeos y del mundo. Esta posición quedó demostrada por la remisión al Congreso de los Diputados del Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, cuya tramitación no prospero por la disolución de las Cortes Generales en el mes de marzo del presente año. Hoy también parece que la transición energética figura entre los ejes prioritarios de lo que pudiera ser el próximo Gobierno y por ello podríamos pensar que la tendencia marcada por el Proyecto de Ley señalado y por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima se continuará en la XIV Legislatura, exigiendo a nuestro país mayores esfuerzos de los que nos demanda la política europea.

En todo este proceso parece que, el Gobierno focaliza como objetivo lograr para la generación eléctrica el 70% renovable y para el consumo final el 35% cuando para ese mismo ratio Europa fija un 32% para el 2030.

Si según algunas fuentes en Marzo de 2019 la generación eléctrica en España era del 56,5% no renovable y el 43,5% renovable, siendo con origen nuclear el 26,6%, y si la energía es fundamental, tanto para la economía productiva como para los consumidores de nuestra sociedad desarrollada, hay que asegurar que el salto no sea al vacío.

Por otro lado y centrándonos en la energía como factor de producción de nuestra economía, el afán de liderazgo y ejemplo en ningún caso, especialmente teniendo en cuenta nuestro peso y el de Europa en el problema, debe constituir un factor que penalice la competitividad de nuestros productos y servicios en la economía global. De no evitarse este lastre perderíamos posiciones en el mercado global con el consiguiente efecto en el desarrollo de España.

Espero que la celebración de la Cumbre del Clima en Madrid pueda transmitir a la opinión pública la realidad de la situación, así como la responsabilidad de cada país, en la proporción que debe y puede asumir, para la efectiva disminución de emisiones perjudiciales, tanto para el hombre como para la naturaleza y, a la par, destacar la necesidad de la tecnología y su desarrollo futuro como imprescindible en el proceso.

Los responsables políticos deben abordar el problema de forma solvente y tener en cuenta que, al final será el mercado, es decir, los individuos, quienes decidan y las soluciones que aporten deben ser factibles y sin imposiciones.

Teófilo de Luis Rodríguez

Expresidente de la Comisión de Seguridad Vial y Movilidad Sostenible del Congreso de los Diputados.

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