Otro año peliagudo
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Otro año peliagudo

El desencanto del sector de la automoción en el comienzo de 2022 va en aumento y hay razones objetivas para ello.

Ángel Carchenilla

Ángel Carchenilla

14 de Enero 2022 13:40

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Empezando por la incertidumbre que produce un año más con las mismas o parecidas características que el anterior, en el que tanto el sector como los compradores interesados tuvieron que convivir primero con el impacto económico de la pandemia sobre la economía y después, con una escasez de semiconductores que pusieron la producción de las fábricas al ralentí.

Esto tuvo como resultado un mercado español en el que sólo se matricularon 859.477 unidades, o lo que es lo mismo, un incremento del 1 por ciento respecto a 2020, año lastrado por el confinamiento, y una caída del 32 por ciento en comparación al 2019. En consecuencia, un 2021 perdido en un ejercicio donde las expectativas estaban puestas en un crecimiento de entre el 10 y el 20 por ciento. Con todo, y las cartas puestas sobre la mesa, la mayoría de las asociaciones del sector apuestan porque este sea un año más positivo que quede cerca del millón de unidades. Eso sí, siempre que la economía recupere la llamada normalidad, el turismo se reactive y el suministro de componentes electrónicos mejore a lo largo del año para que de esta forma se acaben las esperas indefinidas de los posibles compradores. Un factor que ha sido determinante en el frenazo de las ventas y que ha tenido como consecuencia que la demanda de particulares haya caído en el conjunto del año pasado un 12,8 por ciento, con tan solo 372.637 coches vendidos, mientras los concesionarios aseguran que tenían compromisos de compra de más de 200.000 coches que fue imposible entregar por falta de suministros.

Otra cuestión importante, si de verdad se quieren reactivar las ventas, es que el Gobierno acelere la tan pospuesta reforma fiscal del automóvil con un cambio tributario basado en adaptar el impuesto de matriculación a un control de emisiones más lógico. Por el contrario, y basado en el habitual afán recaudatorio del Ejecutivo a cargo del automóvil, desde el 1 de enero pasado está en vigor el nuevo impuesto vinculado al ciclo de homologación WLTP en materia de emisiones. Esto supone un incremento añadido de entre 1.000 y 2.000 euros según el coche que se compre. Sumen a esto el continuo aumento de precio de los combustibles, del que el 50 por ciento es recaudación de impuestos o la persecución que sufrimos los conductores con todo tipo de radares y trampas montadas para tratar de recaudar lo máximo posible. Así llegarán a la conclusión de que el automóvil se ha convertido en un sacacuartos importante que empieza a ser prohibitivo para muchos ciudadanos.

Eso que, según el estudio realizado por el Foro de Movilidad, un 64 por ciento de los encuestados prefiere el coche privado como medio de trasporte. Por otro lado, el RACE acaba de publicar su tradicional Observatorio, en el que analiza la respuesta de 3.500 conductores, de los cuales un 95,5 por ciento constata que los gastos del automóvil han subido entre mucho y bastante. De ahí que un gran reto de futuro sería conseguir la renovación de un parque móvil limpio donde el automóvil contamine poco o nada, pero que sea accesible al máximo número de personas y no solo a las rentas altas. Como empieza a ocurrir.

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