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Era cuestión de tiempo que el ‘pequeñajo’ de Volkswagen fuera galardonado con las tres letras mágicas de la marca. El ADN ‘GTI’ corre por sus venas y ello le permite contar con un propulsor de 180 CV, cambio DSG de 7 velocidades y especificaciones técnicas de auténtico deportivo, con los que ofrecer a su conductor sensaciones únicas, aunque a un precio algo subidito de tono.
Podríamos escribir cientos de libros sobre el ‘mito’ GTI –Gran Turismo de Inyección–, unas siglas que ya lucía la primera generación del VW Golf, en 1976. Tenía un motor atmosférico de 110 CV y fue considerado como un auténtico deportivo de la época. Esas siglas han llegado hasta nuestros días, y son lucidas tanto en el Golf como en la quinta generación del Polo. Pero aunque éste es el Polo más moderno, las siglas GTI visten la carrocería del utilitario alemán desde su tercera generación, que ya contaba con un motor 1.6 atmosférico de 125 CV.

El nuevo Polo GTI luce unas llantas de 17 pulgadas heredadas del Golf GTI, un nuevo paragolpes delantero, una parrilla en negro brillante con las incombustibles franjas rojas, unos faros delantero bi-xenón con luz diurna led de serie –pero no puede llevar sensor de luz–, un spoiler específico o una doble salida cromada de escape que asoma por su difusor trasero. Pero para demostrar que las letras GTI no están presentes en su portón como parte de ‘atrezzo’, esconde un poderoso ‘as’ bajo la manga.


Ese ‘as’ se llama 1.4 TSI, una mecánica que al Polo le sienta aún mejor que al Ibiza Cupra y al Skoda Fabia RS, modelos que hemos probado en Motor16. Y es que hemos verificado que es algo más rápido que sus rivales y encima ha gastado menos. Es una de esas cosas que tiene Volkswagen. Los 180 CV están extraídos de un pequeño 1.4 con turbo y compresor que se asocia en exclusiva al cambio DSG de 7 velocidades.
Primera, segunda, tercera... Y así sucesivamente hasta llegar a séptima velocidad, sin sentir el más mínimo tirón, y sin haber sobrepasado en ningún momento las 2.000 rpm nos damos cuenta que circulamos ya a ¡70 km/h! ¿Esperábais otra cosa? Con el DSG en posición ‘D’ el Polo GTI se comporta como cualquier utilitario, eso sí, dotado de uno de los mejores cambios del mundo que le permite incluso el lujo de ahorrar combustible. La ciudad no es su habitat preferido, pero se mueve con total agilidad a pesar de tener unos retrovisores algo pequeños y una supensión seca, aunque no tanto como el Ibiza. Algo similar ocurre por autovías y autopistas, aunque aquí entra en juego el poco perfil de sus neumáticos, que calcan con la máxima precisión la más mínima junta de dilatación o irregularidad del pavimento. Pero su cambio de 7 velocidades nos permite circular a 120 km/h a sólo 2.780 rpm, ir gastando 6,2 l/100 km y disfrutar de un ronco sonido que percibimos en el interior. Esto son 0,1 y 0,3 l/100 km menos que Fabia RS e Ibiza Cupra, respectivamente, pero 1,1 l/100 km más de lo que necesitó el Polo 1.6 TDI de 105 CV, que tiene 75 CV menos y una filosofía totalmente opuesta. El Polo GTI se encarga de dejárnoslo claro desde el mismo instante en que ‘estrujamos’ sin piedad el pedal del acelerador y el DSG reduce hasta cuatro marchas en un suspiro, e independientemente de que el cambio vaya en ‘D’ o ‘S’. De 7ª pasa a 3ª y el pequeño GTI nos atrae hacia sus asientos –con el característico tapizado de los clásicos GTI– con la misma celeridad que nuestras manos agarran su estupendo volante, que se une a las ruedas pasando antes por un diferencial electrónico XDS que reduce al máximo las perdidas de adherencia, aunque las hay. Acelera de 0 a 100 km/h en 6,8 segundos, una décima más rápido que la cifra homologada y ocho décimas más rápido que un Ibiza Cupra. Además, cuando cubrimos el primer kilómetro desde parado ya vamos a 192 km/h, aunque a esta velocidad la dirección es demasiado sensible y transmite poco al conductor. Pero si sorprendente es el poder de aceleración, no menos lo es su capacidad de recuperar y de afrontar adelantamientos en tan sólo un suspiro.

En cuanto el Polo GTI avista un tramo de curvas, parece sonreír casi tanto como nosotros, pues ahora su rígida suspensión es la causante de permitirle un paso por curva rapidísimo. Además, su ESP es totalmente desconectable, sin embargo no conviene abusar de esta tecla porque a ritmo fuerte y sin estabilizador el susto puede estar asegurado, aunque es realmente dócil y con un sutil toque de volante el Polo GTI vuelve a su ser. Ahora disfrutamos como enanos de sus levas, que nos permiten subir el cuentavueltas hasta las 7.000 rpm, pero por si las ‘perdemos’ en tramos virados –son solidarias con el volante–, siempre podemos recurrir al manejo secuencial de su palanca.


La deportividad exterior no tiene una marcada continuación en el interior, de no ser por unos pedales metálicos, sus deportivos asientos, el volante del Golf GTI, el tapizado del techo en antracita o unos relojes totalmente analógicos –en los Polo normales, el indicador del combustible es digital–. Y aunque está homologado para cinco ocupantes, mejor sólo cuatro, aunque viajarán espaciados. No pasa lo mismo con su maletero, que sólo cubica 204 litros, 76 menos que cualquier Polo, pues la batería se ha colocado debajo de la rueda de repuesto de emergencia: no sólo para equilibrar pesos, sino también porque no había hueco en su vano motor.

23.500 euros tienen la culpa –610 más si es cinco puertas–. A simple vista no es poco dinero para un utilitario de menos de cuatro metros, pero con 180 CV. Aunque comparado con sus rivales, sólo cuesta 190 euros más que un Ibiza Cupra. Pero, por contra, cuesta 45 euros menos que un Clio Sport, es 350 euros más barato que un Corsa OPC, 3.521 menos costoso que un Mini Cooper S Automático y 8.650 más económico que su hermano mayor, el Golf GTI DSG.








