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Si lo que buscas es un vehículo amplio como pocos, confortable, con buenas maneras en carretera y unos consumos casi de risa, el Superb GreenLine es uno de los mejores candidatos. Los 105 CV de su propulsor 1.6 TDI no abruman, pero resultan más que suficientes...
Si nos dicen hace tiempo que una especie de salón rodante que alcanza los 4,84 metros de longitud y supera la tonelada y media de peso presume de un consumo medio homologado de tan sólo 4,4 litros quizás nos tendrían que haber hipnotizado porque habría sido difícil convencernos.

Sin embargo este vehículo existe y responde al nombre de Skoda Superb con el apellido GreenLine. Esto quiere decir que su color es blanco y que recurre a una serie de medidas tecnológicas enfocadas todas ellas a ganarse la simpatía de los más ecologistas.
Vamos primero con la teoría. En primer lugar se apuesta por un propulsor humilde en cilindrada (1.6 TDI) pero respondón en carácter. Digamos que es el actor principal. Pero en la coctelera también se añaden otros ingredientes, como el sistema de parada y arranque automático del motor, unos desarrollos del cambio más largos, unos neumáticos de baja resistencia a la rodadura, un sistema de recuperación de la energía de frenado, un asistente de cambio de marcha y se adorna con una serie de mejoras aerodinámicas.


Como el objetivo de esta versión es evitar al máximo las paradas en las gasolineras, vamos con el consumo. Nos metemos en hora punta en la ciudad. El sistema ‘Start/Stop’ muestra su eficacia y no resulta desagradable cada vez que tiene que arrancar, aunque tampoco es el más suave que nos hemos encontrado. Terminamos el recorrido y siendo cuidadosos con el acelerador hemos firmado 6,0 litros. No está nada mal.
No bebe » Rodador incansable en carretera
Salimos de la urbe y en carretera, a 90 km/h, no superamos los 4,3 litros, mientras que en autopista las cifras se estabilizan en 5,0 litros, es decir, podemos cruzar el país de norte a sur con un depósito.
El objetivo se ha conseguido, pero ¿en detrimento de ser un vehículo solvente y ágil a nivel de prestaciones? Juzguen ustedes mismos.

La velocidad máxima es de 192 km/h y hemos obtenido un 0-100 km/h en 11,8 segundos. Pero vayamos con lo que quizás tenga más importancia: las recuperaciones. Afrontamos un adelantamiento; queremos pasar de 70 a 110 km/h en cuarta velocidad y necesitamos 9,8 segundos y 246 metros de distancia para concluir la maniobra. Está claro que no es ningún ‘torpe’ con sus 105 caballos de potencia.
Sin duda, apostar por un 1.6 TDI (la primera generación GreenLine montaba un 1.9 TDI) tiene algún contratiempo a muy bajo régimen, pero en cuanto supera las 1.500 vueltas empuja con ganas. El cambio es preciso en su manejo, pero si nos hubieran dejado quizás habríamos apostado por montar una caja manual de seis relaciones (como su primo-hermano, el VW Passat BlueMotion) en lugar de la de cinco que porta.
El montaje de unos neumáticos de baja fricción puede acarrear reparos para los más puristas. Bien. El Superb GreenLine no es un vehículo prestacional. Su enfoque es otro bien distinto, pero las distancias de frenado, que es lo que importa, son brillantes, y para muestra un botón: se detiene desde los 120 km/h en 55,2 metros, es decir, 1,3 metros más que todo un BMW M5 que lleva de ‘compañero’ en este número de Motor16.
Dinámica » Un tipo tranquilo y confortable
En el aspecto dinámico el Superb aprueba con nota. Su gran distancia entre ejes le otorga una perfecta estabilidad lineal, pero incluso cuando el asfalto se retuerce se muestra noble en sus reacciones, con una clara tendencia subviradora si se le obliga demasiado. Además monta una suspensión deportiva de serie para ganar consistencia y reducir los balanceos de la carrocería.

La versión más ecológica no renuncia a los valores que han calado en la gama Superb, una especie de habitación sobre ruedas con armario empotrado en forma de un maletero que llega a cubicar nada menos que 595 litros. Eso sí, la rueda de repuesto desaparece en favor de un kit reparapinchazos. Y no olvidemos su ingenioso doble sistema de apertura variable trasero (denominado TwinDoor), bien sólo la tapa como en una berlina cuatro puertas, o bien el portón entero.


Si nos situamos en el interior no encontraremos grandes alardes en diseño ni alegrías visuales en cuanto a acabado. Resulta sobrio y quizás aburrido, pero por ajustes y calidad percibida no le sacaremos los colores.
Sin querer, en este vehículo la vista se nos va hacia las plazas traseras, espectaculares por el increíble espacio para las piernas que ofrecen, superior incluso a la que ofrecen algunas grandes berlinas premium. Tampoco hay problemas de altura, siendo la cota de anchura la más limitada, aunque la plaza central es más aprovechable y cómoda que en algunos de sus rivales.


Limitar el consumo no significa recortar el equipamiento, aunque el peso es fundamental. Nuestra unidad GreenLine se ‘cruza’ con el acabado Ambition y eso se traduce en llantas de aleación, retrovisores abatibles eléctricamente, climatizador bizonal, un volante multifunción rematado en piel, ordenador de viaje, faros bixenón adaptativos, nueve airbag (incluido el de rodilla del conductor), ESP, sensores de lluvia y luces o radio CD. El precio, 26.300 euros, es decir, 560 euros menos que la versión 1.6 TDI ‘normal’, ya que el GreenLine está exento de pagar impuesto de matriculación.
En definitiva se trata de un vehículo perfecto para los que buscan un gran espacio y un elevado confort de marcha, por un lado, con consumos casi de risa por el otro.








