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    • Prueba. Renault Latitude 2.0 dCi 150 CV
      La berlina señorial del rombo
      Actualizado al 22-03-2011 06:36:35
      Pedro Martín
                 
       
      Introducción
      Rivales
      Ficha técnica
      Fotos
      

      La gama de berlinas de Renault, compuesta hasta hoy por Fluence y Laguna, se corona ahora con el Latitude, un sedán de gran porte que deriva del modelo coreano Samsung SM5. La marca francesa ha adaptado el coche para adecuarlo a los gustos europeos, un trabajo efectuado con solvencia que le convierte en alternativa interesante frente a Passat, 508, Mondeo, C5, Insignia y compañía, especialmente cuando equipa el motor diésel de 150 CV, quizás el más racional de la gama.

       

      Samsung Motors, una marca fundada en 1994 que pasó a ser propiedad de Renault seis años después –la casa del rombo posee más del 80 por ciento del capital de la firma coreana–, se ha especializado en automóviles de los segmentos medios y superiores, y en la actualidad fabrica las berlinas SM3 –es el modelo que sirvió de base al Fluence, que Renault produce en Turquía–, SM5 y SM7, así como el vehículo todocamino QM5 y su derivado para Europa, el Renault Koleos. Y la moderna planta coreana de Busán suma ahora a su lista de productos el Latitude, creado a partir del citado SM5 y que Renault comercializará en 50 países. La conversión del SM5 en Latitude incluye multitud de modificaciones –30 unidades han sido probadas a fondo, completándose 1,1 millones de kilómetros–, aunque la metamorfosis más profunda tiene que ver con el conjunto motor/cambio, pues las transmisiones manuales y las mecánicas diésel provienen de la planta que Renault tiene en la localidad francesa de Cléon. Y el primer Latitude que hemos querido probar monta, precisamente, cambio manual –de seis marchas– y motor diésel –el 2.0 dCi de 150 CV, que es el menos potente de los tres ofrecidos en la gama–.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Tenemos ante nosotros un coche realmente grande, pues mide 4,90 metros de largo, ligeramente más que sus directos rivales. Y son 20 centímetros extra respecto al Laguna, con el que comparte plataforma –el Samsung SM5 fue creado en su momento a partir del modelo de Renault– y distancia entre ejes: 2,76 metros. Pero los voladizos son mucho mayores, especialmente el posterior –110 centímetros en el Latitude y 93 en el Laguna–, lo que da al nuevo modelo un inconfundible aire de sedán, a lo que debemos sumar la ausencia de un portón grande. Pero la boca de carga es suficientemente amplia y da acceso a un maletero de 477 litros –se anuncian 511 en los mercados donde la rueda de repuesto de medida normal no viene de serie–. Ahora bien, el Laguna anuncia 450 litros, lo que no es mucho menos para tratarse de un coche más corto, y se adapta mejor al transporte de objetos largos o voluminosos, pues aunque el Latitude también tiene respaldos abatibles por secciones 60:40, el hueco que comunica maletero con habitáculo resulta estrecho por culpa de los refuerzos estructurales.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      En la zona de pasajeros, el Latitude presume de cotas excelentes; no sólo algo mejores que las ofrecidas por el Laguna, sino tan buenas o más que las de sus competidores, de modo que cinco adultos se acomodan sin problemas. Por ejemplo, la anchura en las plazas delanteras es enorme, la altura al techo es generosa en ambas filas y la anchura detrás –134 centímetros en la zona de las caderas– es casi la del Ford Mondeo –134,5– y mayor que en Volkswagen Passat –133,5– y Peugeot 508 –132,5–. Y de hueco para las piernas en las plazas traseras no anda precisamente escaso: con un conductor de 1,75 de estatura al volante, el Latitude deja 75 centímetros de distancia entre respaldos, por los 74,5 que hay en Mondeo y 508, dos modelos ya alabados por su espacio para viajar.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Como berlina señorial que es, hay otros aspectos relacionados con el confort que también se miman en el Latitude, como una buena insonorización, a la que contribuye el silencio de funcionamiento del motor 2.0 dCi de 150 CV, el mismo que usan Mégane, Laguna, Scénic, Espace o Koleos. Y la suspensión filtra muy bien las imperfecciones del asfalto, punto que la firma del rombo no ha pasado por alto porque comercializará su nueva berlina en países con mala red de carreteras, como Rusia. En España, donde el número y el tamaño de los baches crece a ritmo preocupante –la crisis tiene estas cosas–, también se agradece la suavidad del conjunto muelle/amortiguador, sobre todo porque el compromiso entre estabilidad y confort casa bien con el tipo de usuario al que va dirigido el franco-coreano. El balanceo en curvas lentas es bastante marcado, y no disfrutamos del magnífico tacto de conducción, preciso y deportivo, del que hace gala la actual generación del Laguna, pero el Latitude es noble, seguro y fácil de llevar, y tiene un paso por curva más eficaz y rápido del que esperábamos. Y dirección y frenos no llaman la atención del conductor, lo que cual es básicamente bueno, pues denota que ambos sistemas cumplen bien su labor.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Ocurre algo parecido con el motor, pues el 2.0 dCi de 150 CV puede ser calificado como voluntarioso y agradable. Apenas suena y no vibra, y exhibe lo mejor de sí entre 1.500 y 4.300 vueltas, aunque entre el ralentí y el inicio de ese margen ya hay cierta respuesta, y por encima es factible alcanzar las 5.000 revoluciones. Los desarrollos, que tienden a largos para rebajar consumo y sonoridad, apagan un poco las prestaciones en carretera, y si queremos realizar adelantamientos rápidos será mejor hacerlo en cuarta –de 80 a 120 km/h en 8,5 segundos– que en quinta o sexta –11,7 y 16,1 segundos, respectivamente–.

      Aunque el Latitude no es pesado –poco más de tonelada y media, conductor incluIdo–, no brilla por su aerodinámica –Renault no facilita el dato, lo que ya es elocuente– ni equipa lo último en sistemas de ahorro, como ‘Start/Stop’ o regeneración de la energía de frenada, y el resultado práctico es un gasto que rebasa los 8 litros de media, muy lejos de los 5,3 anunciados, aunque el buen tamaño del depósito –70 litros– permite afrontar largos viajes sin frecuentes repostajes.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      A cambio, el último Renault da el do de pecho en cuestión de equipamiento, tanto si elegimos el nivel Expression –27.115 euros, y dotado ya de ESP, ocho airbag, climatizador bizona, dos anclajes Isofix traseros, sensores de lluvia y oscuridad, limitador/regulador de velocidad, radio-CD, volante de cuero...– como si preferimos el Privilege probado –29.315 euros–, que añade navegador con pantalla a color, cortinillas parasol, faros bi-xenón direccionales, freno de parking electrónico, llantas de 17 pulgadas, sensor de aparcamiento trasero, tarjeta ‘manos libres’ o tapicería mixta piel/tela. Además, la gama se beneficia actualmente de un descuento de 2.000 euros.

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