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    • Prueba. Hyundai Genesis Coupé 2.0T Sport
      ¡A jugar...!
      Actualizado al 16-03-2011 03:53:17
      Gregorio Arroyo
                 
       
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      Deportivo y provocativo. Así es el Genesis Coupé, un modelo que unido al propulsor más ‘modesto’, de 213 CV, ofrece un tacto y un grado de diversión muy elevados y sin necesidad de pasar miedo. Un auténtico ‘juguete’ con un diseño y un precio muy atractivos que sacrifica aspectos prácticos ¿Y qué?...

       

      Lo confieso, con el paso de los días el Hyundai Genesis me ha ido ganando, hasta el punto de que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con tan ‘poco’. Y digo poco porque tiene un precio sumamente atractivo y una potencia que no corta la respiración, pero que permite ‘jugar’ y sentir el placer de conducir de verdad.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Y digo esto porque una cosa es proyectar una imagen deportiva y otra cosa es serlo. El Hyundai Genesis lo es. Es difícil situarlo en la escala de valores, porque por tamaño es rival de un Audi A5 Coupé (con perdón), pero por sensaciones se identifica más con un Audi TT.

      Mi estado de ánimo fue de menos a más. Llegó el Genesis y mi primera impresión, la visual, me llenó. El vehículo llama la atención con una línea sumamente atractiva.

      En parado paso a analizar el interior, resultón, aparente y agradable, sin más. Comienzan los detalles menos atractivos: los asientos delanteros no tienen memoria de posición, el volante no se regula en profundidad, la llave de contacto va por un lado y el mando a distancia por otro... Como en mi viejo Civic con 13 años de vida.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Paso a las plazas traseras. Imposible. Me caben las piernas, pero mido 1,70 y mi cabeza da en el cristal. No puedo utilizar los reposacabezas porque son fijos. Está claro: son para niños.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Sigo la ‘inspección’ y las mediciones. Llego al maletero. El volumen es de 332 litros, no demasiados si atendemos al tamaño exterior. La boca de carga es de tan sólo 37 centímetros, bajo el piso encuentro una rueda de repuesto temporal y compruebo que el respaldo se abate en una sola pieza.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Es un coupé, sí, pero mide 4,63 metros de longitud y la conclusión es que resulta menos práctico que otros coupés más ‘familiares’, como el mencionado A5 Coupé o el Renault Laguna Coupé.

      Ni frío ni calor hasta el momento. Pero comienza la ‘remontada’ en cuanto giramos la llave de contacto. Dos son las motorizaciones del Genesis Coupé, un 3.8 V6 de 303 CV y el nuestro, un dos litros turboalimentado más modesto de 213 caballos. Dicho así no parece mucho para un vehículo de este tamaño y que arrastra una tonelada y media de peso. Primer error, porque no sobra, pero tampoco falta.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      El cuatro cilindros se defiende con un sonido ‘poderoso’ propio del que desea aparentar. Los decibelios se hacen demasiado evidentes en el interior, pero no molestan e incitan a pisar el acelerador.

      Entre sus ‘joyas’, el ajuste variable continuo de la distribución (CVVT) y un sistema de enfriamiento de los pistones debajo de cada cilindro. En un abrir y cerrar de ojos comprobamos una de sus grandes virtudes, que no es otra que su gran rendimiento a bajo régimen.

      Es increíble cómo recupera por debajo incluso de las 2.000 vueltas. De esta manera se mueve con soltura por ciudad y evita en muchas ocasiones tener que bajar de marcha, ahora que hasta por ley nos ‘apadrinan’ en lo que a consumo se refiere.

      Por arriba también respira y estirá con ganas hasta superar incluso las 6.000 rpm, pero no da la impresión de resultar tan brillante como por ‘abajo’.

      El cambio es manual de seis relaciones, con unos desarrollos bien escalonados para que no se produzcan caídas de potencia alarmantes. Nos gusta el tacto del cambio, con recorridos cortos y bastante precisos, y el tamaño de la palanca, reducido. Quizás quede en una posición algo elevada para lograr el sobresaliente completo, pero en el balance final el cambio está bien conseguido.

      El Genesis Coupé es nuevo pero recurre a un sistema clásico y genuino, como es la propulsión, para enfatizar su espíritu deportivo. El eje trasero es el que toma el protagonismo a la hora de transmitir la potencia al suelo y por ello recurre a unos neumáticos más generosos (245/40 R19) que en el tren delantero (225/40 R19).

      Más notoriedad abarca el diferencial autoblocante mecánico tipo Torsen situado entre las ruedas traseras y tarado al 25 por ciento.

      Dejamos la teoría y pasamos a la práctica. Genial. El Genesis Coupé se desenvuelve con una soltura asombrosa. La suspensión, McPherson delante y multibrazo detrás, resulta dura, pero en ningún caso insufrible. Como debe ser.

      La dirección es rápida y directa (tan sólo 2,65 vueltas de volante entre topes) y queda liberada de tensiones al ser un tracción trasera. Este modelo resulta tremendamente obediente y entra sin rechistar a la hora de afrontar curvas.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      El eje delantero obedece por la acción de las manos sobre el volante, y el trasero por el tacto del pie sobre el acelerador, ya que el autoblocante ayuda a completar el giro con una agilidad y eficacia admirables.

      Esta versión 2.0 Turbo del Genesis Coupé corre, pero no vuela. Esto significa que podemos disfrutar de verdad sin necesidad de pasar miedo. Y eso incluye desconectar el control de estabilidad, ya que podemos hacer deslizar el tren trasero a golpe de gas y contravolantear, aunque eso sí, en circuitos cerrados, por favor.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      Una de números. Alcanza los 222 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 7,5 segundos. A la hora de adelantar, necesita tan sólo 5,7 segundos para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta velocidad y 6,5 en quinta. Buenos números, al igual que las distancias de frenado obtenidas.

      Como veis el grado de satisfacción ha ido de menos a más. Ya no me acuerdo de las plazas traseras y del maletero o de éste o aquel detalle. Sólo sé que en marcha hacía mucho tiempo que no lo pasaba tan bien, y por ‘sólo’ 29.900 euros. No gozaremos del ‘glamour’ del A5 Coupé o el espacio del Laguna Coupé, pero este coupé es más coupé. A buen entendedor...

      Eso sí, a la hora devorar kilómetros el consumo no es tan eficaz como el de sus rivales, con una media que se ha situado en nuestra prueba en prácticamente los 11 litros.

      Bonito, limitado en el sentido práctico, buen precio... ¿y el equipamiento? Pues cerrado pero más que suficiente. No ofrece un climatizador bizonal, ni faros de xenón ni siquiera un limpia trasero que facilitaría la visión en ciudad cuando aparece la lluvia. Pero su dotación de serie resulta suculenta para el tipo de vehículo en cuestión y por el precio a pagar.

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      El Genesis Coupé es el modelo de producción más rápido de la historia en Hyundai (el V6, lógicamente) y si gusta no hay que perder el tiempo, ya que a España tan sólo llegarán 120 unidades. A correr de nuevo...

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