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Dentro de la ofensiva eléctrica de Ford, el primer modelo que se venderá en Europa será el comercial Transit Connect. Llegará a finales de este año, y ya hemos podido conducirlo.
Segunda semana del pasado mes de enero. Frío, mucho frío, nieve, hielo y nubarrones en la pista de pruebas de Ford en su cuartel general de Dearborn, Estados Unidos. Las condiciones son las más desfavorables para un vehículo eléctrico. Calefacción, limpiaparabrisas, luces... todo contribuye a gastar más electricidad de la estrictamente requerida para circular. ¿Superará la prueba el Transit Connect?
El recorrido que hacemos con el primer Ford eléctrico que se venderá en Europa es muy corto, casi testimonial, pues se trata de una sola vuelta a una de las pistas. Es poco y mucho a la vez, porque sirve para demostrar que el coche ofrece unos niveles de uso, utilidad y confort comparables a los del Transit Connect de gasóleo. No debería ser lo contrario, ya que lo único básico que cambia es el conjunto motor-transmisión. Pero probarlo es la única forma de aparcar el escepticismo.
Una vez que se gira la llave de contacto, no hay que hacer más que poner la palanca del cambio de una sola relación en la posición D, y pisar el pedal del acelerador para empezar a moverse. Lo hace suavemente, sin tirones y sin ruido. Un tenue silbido es lo único que se desprende del motor eléctrico. El sonido de rodadura de los neumáticos al incrementar la velocidad cobra más protagonismo que en otros coches eléctricos: normal, ya que no hay separación entre el espacio de carga, carente de guarnecidos, y las plazas delanteras. La marcha es en caravana con otros vehículos, lo que nos impide superar los 90 km/h, pero sí nos permite comprobar lo holgadamente que los alcanzamos. Bajamos hasta 40 km/h y volvemos a reacelerar, recuperando velocidad con una vivacidad similar a la de muchos coches de gasolina, incluso mejor que la de algunos.
El Transit Connect supera la prueba, demostrando unas prestaciones más que suficientes para un vehículo urbano. Agilidad no le falta, y ésa es la clave para moverse por el tráfico de las ciudades. En el cuadro de mandos, sin embargo, el reloj que marca el nivel de carga de las baterías está a cero. Nuestro coche lleva toda la mañana dando vueltas al circuito con otros periodistas y la autonomía de la batería tiene su límite: 130 km. Le toca repostar electricidad.
La capacidad de la batería está en 28 kW/h, unos 4 más que los Nissan Leaf, Renault, etc. Su procedencia es de Johnson Controls-Saft. El motor es de Siemens, la transmisión de Borg-Warner, y el inversor de corriente continua a corriente alterna de Azure Dynamics. Esta última empresa se encarga también de todo el ensamblaje en sus instalaciones de Michigan, ya que los coches sin electrónica proceden de la fábrica Ford de Turquía. En EE. UU., la garantía de todos los elementos específicos de esta versión eléctrica es de 5 años o 60.000 millas (96.000 km) El rango de funcionamiento comunicado por Ford se sitúa entre unas temperaturas de 45 grados Celsius y menos 35 grados Celsius.
¿A quién va dirigido? El Transit Connect eléctrico es un producto especializado para empresas. Debido a su autonomía restringida, no es un vehículo válido para un usuario tradicional que deba moverse en recorridos diarios de mayor longitud; incluso habrá que contar con un cierto margen de reserva para no quedarse ‘seco’ y tener que parar a la espera de rescate. Sin embargo, en los núcleos urbanos se desenvolverá como pez en el agua; no digamos ya en recintos cerrados, zonas de almacenaje, etc.
Ford España todavía no ha anunciado el precio de venta, que superará holgadamente al de cualquier Transit Connect. Sin embargo, al margen de los beneficios en imagen para las empresas que lo utilicen, su rentabilidad será aceptable siempre que el precio de la electricidad no se dispare; a bastante más largo plazo incluso, el diferencial respecto a los derivados del petróleo debería incrementarse a su favor, con un costo de utilización (amortización aparte) más económico que el de un vehículo diésel equivalente. Al menos, así lo vaticinan las consultoras estudiosas de tendencias futuras.








